miércoles, 21 de diciembre de 2011

Tercas


















"Hemos llovido juntos
tanto abismo..."

Eclipse

(pequeña poeta amiga de la morada
oscura)





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Dame la mano, por favor – dijo enredada en los mechones mojados de su propio cabello, - Dame la mano que llueve y tengo miedo-.

Él le tendió la mano con sonrisa pícara. Y le tendió su sonrisa en una mano -Je… como si mi mano pudiera detener la lluvia- le contestó en dos suspiros. Uno de su risa y otro de su pecho.

La joven recostó la mejilla húmeda sobre el brazo empapado del muchacho. Y los dedos de ambos se mezclaron con el agua. -No quiero que deje de llover… porque cuando llueve tu mano me saca todo el miedo-
















Después querían dormir juntos.
Después, si no era la lluvia, sería otra la excusa.


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jueves, 22 de septiembre de 2011

Feliz Primavera



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Jej...

viernes, 5 de agosto de 2011

CUA

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"Nuestra señora de las nieves.

Desde las altas cumbres al llano

protege a los hijos de esta tierra

bajo tu manto sagrado

y danos tu bendición"

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Y así descubrí que la montaña no me desafiaba desde su cumbre.











Me invitaba a ser parte de ella.















En la montaña descubrí que era yo el que me desafiaba a mi mismo a ser piel de la tierra, latido de la roca y entraña del viento.






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Y regreso una y otra vez.
A encontrarme una y otra vez.
A pagar mis deudas con la tierra.
A saldar las cuentas con mi espíritu.
A siempre quedar debiendo.


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martes, 24 de mayo de 2011

Continuidades inmortales

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"Señores, ahora digo que no es sólo tiempo,

sino que no se debe perder una sola hora"

Cornelio Saavedra




















"Acá no hay ningún camino..." dijo el joven.
Casi se le escapó la angustia en palabras
La sed y la confusión. El agotamiento y el miedo.
Y, claro, la frustración. Aquella pequeña luz a la que se había aferrado se hizo sombra.
"...no hay ningún camino..." repitió con los ojos húmedos e hinchados de desasosiego, recorriendo una y otra vez el tupido follaje que le cerraba el paso. Un misterioso dios verde de enmarañadas hojas y terribles sonidos salvajes se presentaba ante él. Le escupía de pánico, le arrancaba la vida inmutable y cínico.

Cayó.
Su esperanza cayó.
Y cayó como el resto de él, golpeándole las rodillas.
Las manos suelen ser el último guerrero de la resistencia. Así, las manos detuvieron el furioso viaje de su cuerpo hacia el suelo.
Su cabeza colgaba entre sus hombros. Goteaba de sudor y de lágrimas.




Un escarabajo se paseó por su flanco izquierdo.




Impune el viaje del insecto, de tan poca osadía que presentaba.
Y el joven tragó más tristeza. Con ese gusto rancio que tiene la muerte cuando se tiene poca paciencia para esperarla y menos valor aun para ir a buscarla.

"Claro que no hay camino" dijo el anciano sentado a metros de él.
Decrépito, casi minúsculo.
Exasperante de paz.

El joven no lo había visto.
Ya nada veía. Hace tiempo que no veía nada. Su mirada agonizaba como la luz que confundía formas en los senderos de la selva.
Y así corría tras la desesperación de hallar algo más que el fin de cada día.
Así, jornada tras jornada, descorazonado y perdido, lejos de cualquier rastro humano.
Y ahora, aguantando lo que quedaba de su alma, con los brazos temblando, no podía ver al anciano.
Tanto como no podía levantar su mirada.
Tanto que pensó que ya deliraba.


El extraño se incorporó. En algún momento sin tiempo de ese instante, el anciano se puso de pie. Su altura no debió variar mucho. Su silueta doblada se debió dibujar aun entre las capas de harapos que vestía. Debió tener ojos pequeños y barba blanca y sucia. Larga y desprolija seguramente.
Tal vez. El joven nunca lo vio. Su mirada ciega seguía el leve péndulo de su cabeza. Mirando sin ver el suelo cercado por el espacio entre sus brazos, con las fuerzas consumidas por el fracaso de la voluntad, apenas sosteniéndose sobre sus palmas y rodillas. Así estaba el hombre, rehén de nadie.

"Claro que no hay camino" repitió con su voz antigua, pero aun fuerte, "¿cómo puede haberlo si nadie pone sus pasos allí?"





El joven se estremeció con un escalofrío que empieza en la cabeza, sacude el pecho y se enoja con las piernas. El tiempo abandonó su siesta y los sonidos volvieron a nombrarse jungla.





Por algún lado, a paso lento, casi sin osadía, el anciano y el escarabajo desaparecieron en el calor de la tarde.











jueves, 24 de marzo de 2011

"Arma de la vida y de la historia"

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La memoria no ha venido a llamarme, no.
La historia no viene a golpear a mi portal, no.
El pasado no trae hasta mí a la gente que se ha ido, no.




La memoria me recuerda quién soy, día a día, segundo a segundo.
La historia tiene las puertas abiertas y ocupa inexorablemente cada rincón de mi existir.

Así el presente me dice que en cada paso que doy son muchos los que aun caminan conmigo.
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jueves, 17 de marzo de 2011

Algo así decía él de un poema..

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Ya no recuerdo como es que empezó "el chiste".

Creo recordar que fue después de un viaje en el que él,

muy serio, manejaba hablando de utopías e ideales ...



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Y la joven era muy joven.
Sus recuerdos eran vidas enteras de tan joven que era.


Había un auto escondido entre la arboleda en el monte de una ciudad costera, al sur de un continente aun impensado.
Un auto lindo, vistoso. Viejo. Ahora viejo.


El muchacho que lo había conducido hasta aquel paraje solitario y bucólico ahora rondaba con sus labios y manos sobre ella. Ella se dejaba rondar, se dejaba atrapar, se dejaba volver a escapar. Él era veloz pero no apresurado. Su mirada profunda y la sonrisa asesina tenían un efecto soberbio en ella. Tanto así que sus manos veloces se movían como hojas con la brisa de verano, y ella, aun así, fallaba en contenerlas. El asiento trasero era cuna de pasiones tan puras que aun el calor de la piel con la piel se podía desentender de la lujuria.

La joven lo amaba. Lo amaba tanto pero tanto que no le cabía en su espíritu virgen tanto amor. Ella no podía entender como se sentía así con aquel muchacho que había entrado por asalto en su vida. Ese hombre venido de tan lejos que parecía venido de quién sabe dónde. Con esa camisa gris de tan gastada y esos zapatos de feria que ponían a cada pie a llevar rumbo lejano. Con sus libros llenos de ideas y sus ideas que llenarían la clase de libros que no se leen en la casa de una chica de buen apellido. "Si supiera el estrago que hace cuando se pone a hablar así" pensaba hechizada por las palabras.

Él tenía una respiración dificultosa que sufría de ataques crónicos, y ella era una víctima más.
Ella quería ordenarse pero lo único previsible en él era lo imprevisible que era.

“No, no sonrías otra vez. No, no me mires así de nuevo” pensaba María y se le llenaban los ojos de ganas. Y él no podía con sus propias ganas de María.


El tiempo se detuvo como un aviso de traición. Regaló una tarde de besos y embargó un mañana como vendaval. Algo en el aire debía cambiar.


Entonces, en el páramo más bello de sus prominentes vidas, cuando sus corazones no firmaban tregua alguna, María se rasgó las vestiduras de Penélope.


La joven no sabía por qué lo hacía. No podía ser solo por amor. El amor es básicamente egoísta. Y ella lo amaba tanto que murió un poco al aceptarlo como el viento que trae la primavera.

Ella entendió antes que él mismo de qué venía la cosa.

Por ahí nunca lo pudo poner en palabras, su corazón no se lo hubiera permitido. Pero María fue la primera en entender. En lo más profundo, sin lógica que destroce su pecho ni fundamentos que aplasten su espíritu, María entendió. Sino, con tanto amor, ¿cómo esperarlo?, ¿cómo dejarlo ir?
¿Por qué dejarlo ir?

Simple: Lo vio.

O simplemente lo vio.


Ella entendió sin entender. Sabía que no había otra forma que soltarlo a la ruta.
Y lo sabía como esas cosas que hay que hacer, pero mejor no pensarlas porque duelen.


Ella fue la primera en hacer que Ernesto pierda su nombre.
La gran mentira del olvido nunca funciona cuando queremos que lo haga. Ni duele menos por quererlo así.
Para sobrevivir se eligió otra mentira, una más fácil que el olvido.
- "Sí que te voy a esperar pero... no te tardes una eternidad" le dijo ocultando toda la tristeza que la invadía antes de partirse el alma y cerrar la boca. Él sonrió otra vez y en su propia tristeza se juró sin palabras el regreso.


Se cargaron de promesas como de pólvora los fusiles.
Y el primer disparo fue el estruendo de una motocicleta destartalada partiendo hacia la América esdrújula de valientes y miserias.


Ese día, mientras él se llevaba un farolito de pureza en un bolsillo, María iba a perder su nombre en la historia.






Ese día, en los brazos de Chichina, la revolución empezaba como un perro ladrando una promesa incumplida.

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“Mi corazón fue un péndulo entre ella y la calle...
Y no sé con qué fuerza me libré de sus ojos,
me zafé de sus brazos.
Ella quedó nublando de lágrimas su angustia.”

"Encrucijada" de Miguel Otero Silva



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viernes, 28 de enero de 2011

Momentos emotivos con mi compañera de oficina 27

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Problemas de dimensión más que de peso tiene Yoh...



Yoh: ...y a la noche para que me calme el dolor me tengo que poner agua caliente y sal... y me recomendaron que me pase una botella de vino...

Yo: Claro, te "pasas" una botella y te olvidás de todo...

Yoh: Jajja, no no, que la use para masajearme la pierna...

Yo: Ah, entonces, en tu caso vas a necesitar una damajuana.


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Pero no es que yo sea tan malo.... ella misma lo dice...



Burguesito: ¿Cuánto pesas vos?

Yoh: (sin dudarlo un segundo) ¡TODO!




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Y se ve que hay un temita que viene de herencia...



Yoh (al teléfono):
Hola, ma. Escuchame, ¿vas a ir a “COMA Y ADELGACE" (¿?)”?. ¡¡Dale, vení comigo, GORRRRRRRDA!!




Y sí...

No es cuestión de dietas...

...Con Yoh todo es DEMASIAAADO.


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domingo, 23 de enero de 2011

Estas ganas

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"Nunca expresó mayor cariño por él,
pero tampoco lo odiaba: lo recordaba con pena"
Marcelo Birmajer
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En un costado de la barra, casi derramado sobre ella, el anciano hundió sus ojos marrones y cansados en los restos de alcohol que agonizaban en su vaso.

- No basta con esta puta soledad...- dijo sin mirar a nadie, -...La muy guacha se aparece y de lo único que hablamos es de la nostalgia que sentimos. Hasta hacernos retorcer del dolor hablamos de la nostalgia...-.

El bar siguió con los murmullos y los vómitos de siempre mientras el anciano se dormía. O lloraba. O algo hacía, nada importante. O nada que al menos importara a nadie.

Nadie va a ese bar a divertirse. Nadie pretende demasiado de nadie.

El anciano, cada noche, hablaba y sufría solo.
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martes, 11 de enero de 2011

Pocas cosas duelen tanto como la infancia perdida.

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Entre ellas, cuando se nos va quien sembró para nuestro futuro.






"Tantas resucitarás"


TANTAS, María Elena.



TANTAS
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Gracias.
(para algunas cosas no hay caparazón que nos alcance)
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