Me pidieron que escriba unas palabras para
el acto de entrega de diplomas a los egresados
del Profesorado de Ciencias Sociales.
Esto es lo que resulta cuando no hay una mejor opción...
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No soy más que intentos de enseñanza.
Pedazos.
Atisbos.
Principios.
Intentos.
Apenas pasos.
Pero no es poco.
Pasos son los que me han llevado hasta aquí, hasta este lugar, esta historia, este momento.
Pasos son los que he sangrado en las caídas. Pasos son los que retomé a rodillas raspadas.
Pasos son los que me llevaron a tomar el estandarte confuso de la educación.
A pies de plomo en la senda de la erudición, entre laberintos que juegan al error y a la certeza.
El sesgo de la experiencia acrecienta pesares del esfuerzo. De esta odisea de hacerse a la mar sin miedo a la tempestad. Y, a veces, en un arrebato de coraje uno se cree digno de enfrentar la tormenta de un aula… y encuentra algo aun peor.
La sequía…. Lo inerme del abandono.
Renace la certeza.
O debe hacerlo.
Porque, lo cierto es que se agiganta la empresa cuando el brote no se ahoga en conocimientos, sino que sufre la sed y la desidia.
Claro… todo es poco… porque todo a mi alrededor se cubre de máscaras.
Y allí, justo en ese cruce temerario entre el caos y el afán…
Allí…
Allí reaparecen mis pasos.
Que no son poco.
Son pasos de tolerancia.
Son pasos de justicia.
Son pasos de cultura.
Son pasos de historia, de sangre, de patria...
Son pasos necesarios.
Y en cada paso fijo la mirada y veo, no solo al docente que quiero ser…
… Veo al mundo que debo lograr.
Ya no son pasos…
Lo mío es hacer camino.
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