viernes, 6 de agosto de 2021

Los ojos de la dignidad.

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Quiero por esta vez, aunque sea brevemente, compartir antes que se vaya toda la emoción.
Quiero que el mundo entero vea a los ojos a la dignidad.
De verdad, no es joda. Llénense de estas imágenes. De estas Leonas que nunca pero nunca perdieron. Compren para siempre esto de no rendirse. Guarden este tesoro. Miren, acá nomás, allá en el otro lado del mundo pero acá nomás. Miren a estas pibas rompiendo en llanto. Miren a estas mujeres abrazándose. Miren a todas estas chicas que se consuelan, felicitan, contienen y animan. Miren a nuestras enormes Leonas, ahí, con el alma en todo. Y a las otras, las de naranja que también son abrazadas en una muestra deportiva sublime de lo que sí debe ser en la competencia. Esas mismas que -te juro, las vi- abrazaron en su llanto a las nuestras. Se acercaron embanderadas en esos otros colores a felicitar en celeste y blanco. Porque la grandeza está en las personas, en las personas que ven personas, que reconocen personas así. Y aunque tengas uniforme de árbitro, te acercás a Belén, que aun inunda en todo sentido el arco, y le decís que sí, que ella es para siempre una campeona. Y a sonrisa pura te topás con él y ella, directores técnicos de cada equipo, que se regalan un afecto insólito en esta instancia. Mirala, mirala a esa ronda de ganadoras. Un círculo eterno para no olvidarse cuánto se hizo no bien, sino de forma grandiosa. Rompete todo, rompete toda, cuando las ves alzar los brazos tomadas de las manos con solo mencionar "Argentina" por alto parlantes. Las veo escalar esa tarima y están mucho pero mucho más altas. Y ahí se detienen en el tiempo, mirando como niñas nuevas esa medalla de plata de campeonas. Y vos quedate, quedate ahí también. Quedate en todo esto.
Quedate acá, porque esto es la imagen de la dignidad.
Y quiero que todo el mundo la vea.


 



* Final de los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 en hockey femenino sobre cesped. Países Bajos ganó la medalla de oro y Argenitna ganó la medalla de plata.

jueves, 17 de junio de 2021

En estas páginas...

«Ninguna historia cuenta una sola historia, ni en los libros ni en la vida.»
Abelardo Castillo. 


Los libros son tal vez el único lugar aparte de mis perros donde me he refugiado de entre mis demonios, me he reconocido en mis encrucijadas, me hice de coraje ante mis abismos, y resulté ser mejor inequívocamente. Libros y perros no han flaqueado nunca como escuderos y brújulas. Yo... yo a veces sí.



martes, 1 de junio de 2021

2

 

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Cada vez que conocí a una persona que se autodenominaba "cero conflictiva", resultaba ser o que le chupaba un huevo todo lo que pase en y al mundo, o -peor- que era su latiguillo para minimizar los conflictos que ella misma provocaba y no quería atender.

Chicos, para no ser conflictivos hay dos opciones nomás:

A) Ser un cuerpo sin libre albedrío (lo que funcionará siempre y cuando estemos sometidos a una sola voluntad, o a voluntades con sentidos y formas concurrentes) (raro).

B) Estar muerto (y este punto es discutible, porque más de uno hizo despelote con solo morirse…).

El truco más que "no ser conflictivo", diría yo, es ser bueno en los conflictos, ya sea

  • evitando provocarlos al pedo a los demás o donde no tienen más sentido que el mero deporte.
  • atendiendo como corresponde los que son válidos, así nos incomoden o cansen.
  • provocándolos ante la presencia de la maldad o injusticia, así nos incomoden… o incomoden a otros.


Se me ocurre que cuanto más gente comprometida con solucionar o erradicar conflictos exista, menos “conflictivo” va a ser el mundo.

Pero no sé, nunca pasó.

Lo que sí sé que pasa es que con tanta gente jugando al “me importa tres huevos” y al “si no me pasa a mí no es importante”, no existe paz ni en los cementerios.


*Obra de Bansky