El encierro tiene en si mismo una declaración de impotencia. Así, tan manifiesta, resulta la condición de no propiedad de lo que se ha hecho prisionero.
Lo realmente propio lo es por pertenencia y no por privación. Por esto la jaula es una manifestación de impotencia, entonces. Sí, claro, es una forma de poder también. Pero es otro tipo de poder que, ciertamente, no suple la imposibilidad de poseer. Solo se "tiene". El poder de no dejar escapar es así, depende de un accionar opresor. Por mucho que robe arena y agua de mar no podré nunca hacerme de esa playa.
Poseer, en cambio, tiene el sonido de un pacto. Un pacto donde el ejercicio de una voluntad se estrecha con el de otra. Se abraza, se reconforta.
Si hay más de un individuo en el juego lo cautivo debe ser lo que antes ha sido cautivado desde la atracción, la libertad, la decisión, el sentimiento.
Es así, no hay vuelta que darle: La única forma de poseer por decisión individual... es comprando un mueble.
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Tan nefastos los hombres.
Tan nefastos y evidentes para lo atroz.
Donde un hombre coloca cadenas deja ver la ausencia de lazos.
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VI.
Hoy
Pasaron muchos días desde la primera vez que el jilguero se detuvo en el balcón. Regresa siempre. Siento su entrega a mi afecto, su total confianza. Ya come de mis manos. Me bastaría cerrar los dedos en torno a su cuerpecito y podría ponerlo en una jaula. Pero mis manos no desean ser su jaula. Mi corazón tampoco. Mirándolo, toco su plumaje. Mirándolo, su hermosura. Y es mío porque lo quiero. Todo lo que amamos nos pertenece y somos de quienes nos aman. Así de fácil es querer cuando se quiere de veras...
- Elsa Isabel Bornemann
(si alguien se atreve a llamarme escritor,
sepanló, es por culpa de esta mujer)