miércoles, 16 de abril de 2008

"A fin de cuentas, todo es un chiste"

- Dedicado (también) a Jorge Guinzburg-
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Aun creo recordarte.
Y aun creo recordarme.

Empecé siendo hijo de mi madre y hermano de mis hermanos. Pero eso duró hasta la tormenta.

Luego me tuve que conformar con ser cachorro de la calle. Así aprendí a dormir entre cajas, soportar golpes y patadas, esquivar automóviles y buscar mi cena entre la basura.

Y ahí te conocí.
Entre cajas y basura.
En un invierno muy fuerte y malvado, tropezaste conmigo mientras entrabas apurado a ese callejón.

Y ya eras distinto.

Distinto porque te detuviste en seco ante el impacto con mi pequeño cuerpo lleno de pelos, barro y mugre.
Distinto porque con un saludo de tu bombín me pediste disculpas por el atropello.
Y yo aprendí algo. Porque hasta ese momento nadie en mi vida se había disculpado conmigo.
Las disculpas se sienten bien. Aun más en invierno.
Distinto porque no me asustó la madera que sostenías en tu mano. Nunca la usarías para golpearme. En más, ¡ese era el bastón más gracioso que nadie pudo tener!
Distinto porque te acurrucaste a mi lado entre los desperdicios. Para darme calor. Para ocultarte de aquel hombre gigantesco de ceño fruncido que pasó feroz pero no te vio en nuestro escondite.
Distinto, porque te asomaste hacia la calle y con otro saludo te despediste. El peligro había pasado.
Distinto porque en uno, dos, tres segundos volviste tu mirada hacia mí. Y yo te correspondí. Uno, dos, tres y moviste tu bigote con dudas de cariño. Y tres y más veces moví mi rabo maltrecho para sonreírte.

Me acerqué tímido y dejé escapar unos sollozos. Pensé que el viento se alimentaba de lágrimas porque al oírme levantó una helada ventisca. Los dos nos estremecimos con el frío acariciándonos. Y una caricia fue tu mano. Como quien se refugia en el calor del abrazo, me envolviste en tu pequeña chaqueta. Y yo te di un beso feo de perro. Y sonreíste porque entendías. Y apretaste aun más fuerte mi cuerpito.

El invierno ya no era tan malo.
La ciudad con sus autos y hombres ya no era tan mala.
Y la maldad era lejana.

Ahora sé que las historias de perros y vagabundos son clásicas.

Mendigábamos juntos. Y, debo decir, a veces la picardía nos ponía al alcance de la mano algunas comidas de esas que vienen condimentadas con algo de riesgo y una que otra huída.
Pero… ya lo dije: La maldad era lejana.

En tu humilde casilla de madera tenías solo una mesa, un mantel, dos sillas y un colchón.
Sobre esa mesa se repartían los humildes manjares, las penas y los sueños.
El mantel, a pesar de sus agujeros y manchas, nos recordaba que la elegancia no viene de la mano del dinero.
Las sillas nos hacían iguales. Una para cada uno.
El colchón era apenas un despojo. Pero alcanzaba. En él me convidabas ternura mientras yo velaba tus ronquidos.

Alrededor de tu paso oscilante se resplandecía la emoción genuina, el valor de lo simple, la esencia de cada alma.

El desprecio a la injusticia era aun más grande que tus propios zapatos pasados de talla.

Con cada gesto pintabas de risa un mundo cada vez más blanco y negro.

Pero hiciste aun más.
Hiciste de este huérfano, de este perro de la calle, TU perro y compañero.

Y yo dejé que lo fueras todo para mí (Los perros somos así).



Aun creo recordarlo.

Fue también en invierno cuando repetí tus palabras: “Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana”.
Revisé cuidadosamente cada pedacito de mi historia.
Y me fui serenamente.

Ese invierno se alimentó de tu llanto.
La Navidad a veces hace más dolorosas las heridas.
Ese Diciembre la ciudad te pareció maldita.

Ahora todo es en colores.
Risas violetas, muecas anaranjadas, verdes esperanzas y corazones azules.
¡Y ese gesto….!
Ese gesto que se balancea entre tus hombros y tu bigotito.
Esos ojos llenos de magia que juegan carreras con tus pasos.

Ese gesto. Cada gesto.
Nadie pudo pintar el blanco y negro en tantos tonos. Y enseñar y querer.
El solo recordarte hace que el mundo entero sea más lindo.

Siempre tuviste razón.
El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto”.
Tuviste y provocaste chistes, risas, melancolías, alegrías, sacudones, llantos y revoluciones.
La seguridad de no haber "pasado de largo".
Y muchas Navidades.

Un Diciembre saludaste con tu sombrero bombín.
Tomaste tu bastón.
Y con tu paso gracioso viniste a buscarme.




El invierno ya es solo un recuerdo.



Pero para mí, es uno muy grato.



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Un 16 de Abril de 1889 nacía el actor, guionista, productor y director de cine británico Sir Charles Spencer Chaplin.
No sé si tuvo perro.
Pero si hubiera tenido, esa Navidad de 1977 que nos dejó, lo hubiera ido a buscar.
Porque el tiempo hace finales perfectos.

viernes, 11 de abril de 2008

El mundo VIVE equivocado (y yo tengo un premio)

Pero, entre el encanto de las palabras -el intento, bah!- y la demagogia de una leonina....


Quiero agradecer éste premio:

-A mí mismo, por si existe la posibilidad de que esfuerzo alguno me lo haya hecho merecer; o la suerte amable que lo haya hecho parecer así.

-A la Dulce Carolaina, por dejarse seducir por el encanto de mi prosa; o por sentir lástima por mis intentos.

- Y si no, en todo caso al azar.
Azar dispar. Azar que la Caro no conociera/recordara demasiados poetas para compararme; o, aun más allá, que no entendiera el término "poeta" -cualquiera de las dos posibilidades me acerca al galardón-; o que simplemente le sobraran ganas de un premio para el león oscuro.


Bueno, en serio.

Gracias por el reconocimiento Caro.
Y el premio no sería premio si no viniera de donde viene (porque me podría premiar Jorge Rial y preferiría que me regalen una patada en la ingle –ponele-).

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Un marca más para el león. O el fruto de ellas.
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(También quiero agradecerle a Cervantes por prestarme las palabras;
al supermercado D%A, por explotar a sus empleados y permitirme comprar latas de paté en días feriados;
y a la República Popular del Congo por tener un nombre tan gracioso que utilizo para mis relatos.
También al que inventó el TEG, que no sé quién es.
Y al Sr. Blogger –debe ser un señor- que permite eliminar comentarios con pifies tipográficos)



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(A Macri no)
(Nunca)
(Porque lo odio)
(A él y a todo lo que representa)
(Pero a él más)

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Y ahora se lo tengo que dar a otras personas... o algo así.

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Y como soy un león jodido -y me da fiaquita revisar Blog por Blog- va para...

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Ferípula,

porque realmente tiene magia para escribir. Ronda con polvo de hadas las construcciones literarias y perfuma los relatos con luces de zafiro. Se recomienda andar por acá. (Y entren acá también, pero no toquen nada para no arruinar la ilusión).

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Polzúnkov,

porque no solo es poeta el que logra las más hermosa construcciones. El Polzú cuenta las cosas con simpleza y belleza a la vez. Sin alardes ni grandilocuencias. Pero con la palabra exacta. Demuestra un estupendo manejo del relato en cuanto a su extensión y forma. Y tiene reflexiones únicas sobre los temas cotidianos. Elige tu propia desgracia acá. El es un caballero.

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Peperina,

De a ratos el verso y el vuelo de la frase. De a ratos, el relato simple del pensamiento. De a ratos, momentos de vida, con cosas que pasan y cosas que gustarían. Peperina se deja leer, sin esfuerzo, con gentileza y calor de charla entre mate y mate. Incluso cuando se molesta. Entra acá sin golpear la puerta.

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EMD,

Un jugador de toda la cancha en los estadios de la hoja en blanco. Gambeta de sensaciones y enganches vertiginosos. Enlazando palabras como si se deslizaran como una baraja en mano de mago experto. Y el texto entrelazado de aforismos se ríe de si mismo en la carcajada versátil del remate brusco. Un jugador, con conejos en la galera, por acá. Y un caballero.

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(Que no se difunda éste premio, porque se llegan a enterar Neruda y la Storni que llamaron "poeta" a éste león oscuro, y se cortan la garganta con plastilina)



jueves, 10 de abril de 2008

La importancia de un hombre

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Un debate sobre una muerte.



Puntos de vista.




Opiniones.



Y una voz dice:



"Acá nos olvidamos de lo más importante: Estamos hablando de una persona, un ser humano que murió. No importa si era en una protesta, si era docente, ingeniero o un mendigo. Lo que importa acá es la vida que se perdió"



Casi por instinto. Por convicción. Por ese código de valores que me sostiene como una espina dorsal.



Sin oponerme pero sin estar de acuerdo.
O en un acuerdo que me resulta insuficiente.



Sin mirar a nadie, para que sea más un manifiesto que una respuesta:



"La persona es importante. La vida es importante. Por supuesto que sí.

Pero un hombre que se enarbola por una causa de muchos es aun más importante"




El debate venía a cuento de la conmemoración del asesinato de Carlos Fuentealba.

Pero es solo un ejemplo.



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