"...sólo un trago antes de irse a la cama,
si total mañana nos volvemos a encontrar..."
Ariel Rot
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La soledad se sentó en mi mesa reclamando lágrimas para saciar su sed.
Sonreí.
Con la misma maldita y falsa sonrisa llené mi vaso con un poco de buen vino.
Llené también el suyo.
No conversamos. A pesar que la soledad suele tener mucho para decir no lo hicimos. Dejamos pasar instantes sin mirarnos. Ninguno de los dos necesitaba ver al otro para ahogarse en la presencia.
Súbitamente me precipité hacia ella y estallé la botella en su cabeza.
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Me sentí sereno aun en lo brutal de mi acción.
No me sentí a salvo de su abrazo ni siquiera cuando se tomaba la herida rodando de dolor en ese cochino suelo.
La soledad aun me acecha pero ya no bebe conmigo.
(Hay quien dice que la soledad no bebe porque está muy adentro de uno.
Suele pasar que lo que más adentro está, más sed tiene; eso digo yo.)
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