Oxímoron es decir "industria del arte". No te das cuenta de la oposición conceptual si no prestás atención. Si solo lo escuchás en medio de otros enunciados, no te das cuenta.
Prestá atención, que con las personas ocurre lo mismo.
Oxímoron es decir "industria del arte". No te das cuenta de la oposición conceptual si no prestás atención. Si solo lo escuchás en medio de otros enunciados, no te das cuenta.
Soy una persona que tiene un problema que, quienes lo generan, muchas veces lo atribuyen a un exceso de literalidad.
Wotan compuso esa noche, con su vida infame como cuerdas y vientos, una melodía de esas que uno se canta con tristeza antes de dormir. Suspiró callejones de esos que, una vez puestos a ser recorridos, permiten la circulación de una mano de ida de penurias y otra mano de vuelta de méritos. Apasionado con sus propias dichas de corrección, hizo un coro de tribulaciones acerca de los zapatos que lleva puestos en ese camino. Y erguido ante la templanza feroz de la bestia agonizante, repitió el estribillo estoico de quien solo vende caras sus derrotas con un sello de silencio en sus labios. ¿Mintió esa noche alguna verdad? No, esa noche no se permitió permitirse sus propias trampas. Cauteloso y desconfiado, mostró puntas de lanzas ya manchadas que él sabía que sostenía de larguísimas varas desde el cascarón de a porrazos que es su envase. Tampoco hizo tiros de distracción de sí mismo. Y, peor aun, guerrero sin miedo a todo. no se presentó cargado de pólvora y amenazante de chispazos solo para que hasta las mariposas huyan de ese fuego; sino que, con la locura danzando sobre una pequeña vela, rescribió la valentía de darle una chance a esa penumbra con tonalidades pastel de la que se hizo cómplice.
Wotan pasa silbando a intervalos. Se descubre en su cancioncilla y se interrumpe. Da un par de pasos, sangra sin atender las hiedras que crecen de sus charcos y, pensando en la próxima fatiga que ya prepara el cachetazo, se distrae y vuelve a silbar. Solo unos momentos dura la música hasta volver a notarse a sí mismo en ese juego. No hay –cree, dice- tantos méritos en su humanidad. Ya no sabe si el deseo lo hace componer melodías, o si tenía aprendida la tonada y el deseo lo empujó hoy como un altar de espuma. Dos vasos apenas son bebidos esa noche. Wotan, de a ratos sí de a ratos no, silba una melodía que anda molestando a todos sus demonios.