jueves, 23 de diciembre de 2021

Paseo

 Y esta noche despreciable y hermosa, Juanito me contó de su tristeza inmensurable. Me habló de su hambre y de su casa de chapa coloreada con pintura vieja. Me dijo de su familia enorme pero de a pedacitos y del calor nauseabundo de esperanzas que trae el viento del río De La Plata.


No me acuerdo la primera vez que escuché hablar de Juanito. Sé que fue hace tiempo y ni me pregunté quién era. Tampoco me acuerdo cuando fue que me di cuenta que su padre era conocido sin ser su padre. Y que Juanito, en su pobreza, no debía saber que tenía ese otro padre del que hablan algunos marcos. Sí me acuerdo la primera vez que Juanito me sonrió. Era una tarde y yo ya era grande y llevaba días sin afeitarme. Juanito seguía siendo ese niño de ojos negros que nunca mira de frente a quien lo visita. Así de cordial es que uno olvida hasta la basura del paisaje. Una mujer que inventó esa tarde me llevó a conocerlo. Me envolvió de aromas de victorias posibles y cariños esquivos, y me engañó con verdades amables tan bonitas que hasta creí en el arte de una forma tal que Flaubert se hubiera sonrojado. Por un tiempo todo fue esa mujer. Por esa mujer hubo un tiempo que era arte. Y yo fui verdadero y de a colores.

Desde esa vez no he vuelto a visitar a Juanito, pero tampoco perdimos contacto. Lo llamé una vez al pasar semidormido por una avenida y ver desde el colectivo un dibujo en una pared. Ahí lo recordé en esa vaga silueta pintada y recordé también que ese mismo bondi se hacía esperar una eternidad cuando me llevaba a besarla a ella. Le dejé un mensaje otra vez que me pregunté por los dolorosos olvidos cuando, firme y estoico, no me permití preguntar por ella para no lastimar la distancia que pretendo como cristal quebrado. Esa vez escribí un mensaje a Juanito como una nota en mi teléfono móvil; como si pudiera olvidarme, como si necesitara no olvidarme. Y hoy hay una hoja borroneada y un sabor que no se decide entre almizcle, malta y jazmín cuando le cuento a ese chico de ojos negros de algunas soledades y de cómo sabía abrazarme con esa mujer; como sabía abrazarme yo en esa mujer; cuantos borrones tengo. Y miro la noche cálida y festiva y es hermosa y despreciable. Y hablo de ella y hablo y hablo y estoy hablando solo. Y ya ni veo la basura que hace el paisaje de mis entrañas. Y respiro fuerte pero ni el río De La Plata me invita a un horizonte que pueda ser otra cosa, al menos allá, donde se corta el cielo con el agua y la esperanza. Y me pregunto por algunos colores, y me pregunto si me acuerdo cuáles son o solo busco que sean para saber que existió una vez donde los hubo.

Me doy una ducha porque algo apesta. Mientras me seco veo que el tipo del otro lado del espejo está algo más grande, y lleva unos días sin afeitarse. Lo conozco. No es tan cordial ni mucho menos amable. Me mira y con una mueca de bronca me dice ¿te acordás qué vestido llevaba ella aquella tarde?
No le contesto una mierda.
Mi tristeza se llama Juanito Laguna y no piensa irse en esta noche despreciable. Porque le da pena mi soledad.
Y porque claro que me acuerdo del vestido.

Obra: "La partida" de Luis Felipe Noé

viernes, 6 de agosto de 2021

Los ojos de la dignidad.

*


Quiero por esta vez, aunque sea brevemente, compartir antes que se vaya toda la emoción.
Quiero que el mundo entero vea a los ojos a la dignidad.
De verdad, no es joda. Llénense de estas imágenes. De estas Leonas que nunca pero nunca perdieron. Compren para siempre esto de no rendirse. Guarden este tesoro. Miren, acá nomás, allá en el otro lado del mundo pero acá nomás. Miren a estas pibas rompiendo en llanto. Miren a estas mujeres abrazándose. Miren a todas estas chicas que se consuelan, felicitan, contienen y animan. Miren a nuestras enormes Leonas, ahí, con el alma en todo. Y a las otras, las de naranja que también son abrazadas en una muestra deportiva sublime de lo que sí debe ser en la competencia. Esas mismas que -te juro, las vi- abrazaron en su llanto a las nuestras. Se acercaron embanderadas en esos otros colores a felicitar en celeste y blanco. Porque la grandeza está en las personas, en las personas que ven personas, que reconocen personas así. Y aunque tengas uniforme de árbitro, te acercás a Belén, que aun inunda en todo sentido el arco, y le decís que sí, que ella es para siempre una campeona. Y a sonrisa pura te topás con él y ella, directores técnicos de cada equipo, que se regalan un afecto insólito en esta instancia. Mirala, mirala a esa ronda de ganadoras. Un círculo eterno para no olvidarse cuánto se hizo no bien, sino de forma grandiosa. Rompete todo, rompete toda, cuando las ves alzar los brazos tomadas de las manos con solo mencionar "Argentina" por alto parlantes. Las veo escalar esa tarima y están mucho pero mucho más altas. Y ahí se detienen en el tiempo, mirando como niñas nuevas esa medalla de plata de campeonas. Y vos quedate, quedate ahí también. Quedate en todo esto.
Quedate acá, porque esto es la imagen de la dignidad.
Y quiero que todo el mundo la vea.


 



* Final de los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020 en hockey femenino sobre cesped. Países Bajos ganó la medalla de oro y Argenitna ganó la medalla de plata.

jueves, 17 de junio de 2021

En estas páginas...

«Ninguna historia cuenta una sola historia, ni en los libros ni en la vida.»
Abelardo Castillo. 


Los libros son tal vez el único lugar aparte de mis perros donde me he refugiado de entre mis demonios, me he reconocido en mis encrucijadas, me hice de coraje ante mis abismos, y resulté ser mejor inequívocamente. Libros y perros no han flaqueado nunca como escuderos y brújulas. Yo... yo a veces sí.