Porque ahí sí un simple furcio (calculo que eso fue) se vuelve error realmente grave: En la permanencia del mismo.
Ahora, a todos los que se quedan con el recorte y nada más, los y las invito a pensar un par de cuestiones:
La docente X escribe algo mal. Una palabra no cotidiana, pero dentro del vocabulario específico de la ciencias naturales tampoco es química celular, es cierto. Y lo hace en un programa de televisión, en el que -entiendo- intenta dar su clase. En ese programa, pautado y emitido, donde la docente está con un equipo detrás (educativo y televisivo), ¿nadie le avisó? No tengo ese dato pero... si lo hicieron, vuelvo al comienzo, debe corregirse, aprendemos todos y ya (que no mató a nadie tampoco). Si no lo hicieron... ¿un furcio, un equívoco que ella -evidentemente- no notó es peor que los que no hicieron su tarea (educativa, social, profesional, mediática o humana) de acompañarla?
Y no lo digo en el aire. Les juro que sé de lo que hablo: Yo soy docente. Y -encima- soy un obsesivo de las letras. Amo la semántica, la ortografía y la sintaxis, y creo que es un lujo de expresividad nuestra lengua. Y sin embargo, alguna vez cada tanto también me equivoco. Mis chicos y chicas desde los bancos, que ya me conocen lo "hincha" que soy, hasta se sorprenden. Pero puede pasar. Claro, mis aulas son más humanas, amables y solidarias que la televisión. Y muchísimo más que las redes.
En el aula suele ser tan fácil como:- Profe, ¿"herbívoros" no va con be en la primera...?-- ... Sí, tenés razón, no me di cuenta. Coooorreeeegimos. Gracias, Tomás-.Así de simple. Aceptación del error del docente (una persona, dicen). Observación participativa de un alumno (una persona igualita a la anterior en este sentido). Y corrección con borrador y tiza (o lo que fuere). Y aprendimos todos algo.
Creo que es parte del profesionalismo no tener estos errores (distinto sería si fuera más frecuente... que conozco muchos casos). Pero un error puede tenerlo cualquiera (con un aproximado de 100 o 150 horas de exposición a muchos ojos en el aula por mes, como suele pasar en la docencia). Creo que ya lo dije: lo importante es lo que hacemos con el error.Aparte, toda corriente educativa inteligente y -estoy diciendo mucho esto- humana, defiende el error como parte del proceso. Porque nos comprendemos entre nosotros como aliados para ayudarnos a ser mejores. Y porque el aula es uno de esos pocos espacios seguros (voy a defender a muerte que esto debe ser así) donde podemos corregir sin mayores consecuencias negativas. Afuera del aula el error suele tener consecuencias más graves (o te separás, o te echan del trabajo, o matás a alguien o te morís, o elegís un gobierno de cuatro años, o...). Esa "seguridad", ese cobijo del aula, es por un vínculo que se puede lograr hermoso y productivo si sus participantes juegan a lo mismo.
Insisto y sumo. El error acá es si no se corrige, y si nadie de todos los que estaban ahí con ella le dijo. Y que de golpe juzgamos todos por un instante la carrera de una docente que -no es una decisión fácil- pasó a exponerse ante miles o millones.Si es una docente profesional, debe estar mortificada por no haberlo notado. Porque no nos gusta equivocarnos, porque sabemos que ese rol que ocupamos parte de la premisa que se puede confiar en lo que decimos (por eso debemos tener mucho cuidado y responsabilidad al hacerlo). Si llega a ser el caso que es una buena docente, que se animó, que se arriesgó a dar clases en una pantalla abierta, debe pesarle tanto más no haber notado ese error que tuvo. Eso a mí me resulta más que suficiente como para encima repetir livianamente este escarnio virtual.
Confiemos en que ella, y todos, aprendimos ya a expresar correctamente sobre los animales que se alimentan de... ¿hierbas? (comen frutos, flores y hasta cortezas algunos, pero bueno, herbívoro es conceptual, lo sé).
Digo, yo lo vi a Messi errar un penal... y nunca diría que es malo jugando al fútbol (menos si solo vi eso de él).


