lunes, 31 de diciembre de 2007

Me juí




No me busquen hasta el 14 de Enero.
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Estoy de Campamento. En el evento más grande que haya vivido Scouts de Argentina.
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Pueblo Brownsea, Aldea Cuervos. (Ahí está el agite)
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Y lo voy a disfrutar por muuuuucho más de 180 días...
(por tirar un número nomás)

lunes, 24 de diciembre de 2007

Post largo de Navidad

No me molesta la Navidad.

Si la excusa es reunirse con la gente que uno quiere, bienvenida sea.

Y comer! Con lo que me gusta comer. Y no sé que tienen en contra del Vitel Toné. O sea, no sé si es vaca, sapo, mulita o brontosaurio lo que estoy comiendo; pero que rico que es! Y las garrapiñadas y turrones y panes dulces en calórica mezcla con bebidas alcohólicas que consumimos en pleno verano… por mí está bien. Sin eso la Navidad perdería un 80 % de Navidad (datos del INDEC).

El Pan dulce me gusta con muchas “cositas” (que tampoco sé que son muy bien, ni dónde se cosechan, o que hay que matar para hacerlas). Si le vas a sacar las “cositas” a dedazos desagradables mejor comprate un budín. O pan.

He comido turrones ("...ES", más de uno) hasta que me vienen nauseas, y sin embargo no puedo dejar de hacerlo. A mi favor tengo que los turrones son un elemento de la mesa navideña que en las casas suele sobrar hasta la Navidad siguiente (¿a quienes compartan las fiestas conmigo ya les está entrando la duda? Si hasta ahora no se dieron cuenta puedo seguir llevando turrones que datan de la era glacial).
Ahora bien (el “ahora bien” es frase nexo típica de un libro de texto) (y sí, no sé qué miércoles tiene que ver esa aclaración), ¿qué contextura debe tener un turrón?. Ya dije que no le hago asco a ninguno, pero, si tienen que elegir, ¿cuál es más aceptado socialmente?. El blandito que te deja todos los dedos pegados y cuando lo mordés das una imagen desagradable como si un hilo de baba blanca (dije baba) uniera tu boca y el envoltorio.
O el siempre útil turrón que “parece una piedra”, tan rico, crocante y efectivo para golpear sobrinos, hermanos y cuñados (eso sí, mantenerlo alejado de la gente mayor).

Sobre los tomates rellenos no voy a decir nada porque está en mi Top Five de comidas así que no puedo dar una opinión objetiva.

Los juegos artificiales me entretienen. No mucho más. No es que me re divierten. Me entretienen. Si me divirtieran me compraría la temporada de cañita voladora y petardo entera en DVD. O algo así. O sea, son luces en el cielo, todo bien. Pero divertido es mucho. Aparte, son peligrosos. Muchos no pasan por los controles adecuados. ¿Cuál es el “control adecuado” de un petardo? ¿Hay ingenieros-de casco y guardapolvo blanco- que realizan pruebas en un laboratorio –secreto en las montañas, claro-? ¿Cómo es? No me imagino el informe : “El período de pruebas Ghama dio como resultado que el Bolón Explosivo, arrojado a una distancia no menor de 50 cm en una superficie de impacto y alejada de cualquier población que pudiera recibir el efecto resultará en uno que otro destello que se sumará a un estruendo de mediana potencia. Sin embargo, la repetición del proceso se vuelve intolerante para ciertas personas y peligrosa para octogenarios (los mismos que no pueden morder el turrón)”. Déjenme de joder. ¡Esas cosas explotan! Que las tiren las demás que yo me entretengo viendo los resultados sin que ninguna tía tenga el celular preparado con el marcado rápido de emergencias. Una frase aparte merecen los que “innovan” poniendo los explosivos dentro de botellas, latas y eso. “Yo qué sabía que iba a volar en mil pedazos y matar a mi primita, herir a la vecina y volarle la dentadura –llena de turrón- a mi abuela –que ya bastante asustada estaba con el Bolón Explosivo-“.

HAY GENTE IMBÉCIL (acá está la frase aparte)


Lo que sí me molesta es cierta parafernalia de la navidad.

Las peleas familiares por las cosas más tontas. “En tu casa o en la mía” “Hagámoslo en la mía que tiene un quincho enorme y podemos ver los fuegos artificiales”… (y queda a la vuelta del oriente del mundo). “”Por qué no vienen a casa que nunca la pasamos juntos?”... (por algo será, ¿no?). Y así (o sea, no se me ocurre mucho más y se acabó mi voluntad para el tema).

Es como que los ánimos se alteran con cuestiones re tontas. ¿La idea no es juntarse con la gente que uno quiere y ya? No perdamos el eje. Aunque rechine, no perdamos el eje (a Don Ata le gustaba que suene, por eso no lo aceitaba) (¿cuántos pueden seguir ésta gracia folclórica?).

Si Papá Noel me trae el hacha vikinga que le pedí, el año que viene, entre el 15 y el 20 de Diciembre salgo a matar a todos los comerciantes antes de que suban inescrupulosamente los precios. (“ehhh.. flaco, yo vendo varillas roscadas y remaches nada más.. conmigo todo bien” -dice uno para zafar-) (no me engañás, todo bien nada! - y lo mato-). Una vez hecho esto ya puedo dedicarme a la otra parte del asunto. Del 21 hasta Nochebuena (un rato antes porque trabajo medio día el 24 nomás) salgo a matar a todos esos infestos que se aglomeran en las calles porque no compraron las “cosas para el arbolito”. Y no les afecta que les cobren cualquier barbaridad, porque, total, ya están en el horno. Y vos que querés ir a comprar un trapo de piso nuevo porque el otro te lo destrozó el perro tenés un hilera de vagos e indecisos (porque una de dos es la causa de que esperen a último momento) que le pregunta a la cajera el precio del auto, la casa de playa, la cocinita y el consolador de la Barbie. Aprovecho éste párrafo larguito para hacer notar que al principio, cuando mencioné los tomates rellenos, use la expresión “opinión objetiva”. Caro lector, sólo por haber llegado a ésta instancia de lectura compartiré un secreto: la opinión nunca es objetiva. La expresión es cualquiera. Es condición de una opinión la subjetividad. ¿Por qué no la corregí entonces? Porque si no no tengo excusa para que juguemos a pensar en la lengua española (soy un férreo defensor del idioma de Cervantes). Y lo puse acá porque este párrafo debe ser así como un gris bloque de concreto en la imagen de éste post, por lo tanto los ojos más superficiales nunca lo leerán y dejaran comentarios más dignos de un fotolog como “Pasé, muy bueno, un beso, pasas?”. Y yo tendré más ideas para darle uso a mi hacha vikinga.

La Navidad es para juntarse y pasarla bien. Por más cursi que sea, detrás de los regalos y el morfi y todo eso hay gente que se quiere y se banca, aunque a veces no se soporte... La verdad, con lo detestable e hinchapelotas que es la especie humana, que todavía le queden ganas de juntarse para pasarla bien en vez de destruirse a trompadas es motivo de un brindis.





Y de paso, algunos, entre copa y copa, brindemos por Jesús. Por su nacimiento y lo que significa esa creencia para el mundo. No sigan leyendo esperando el chiste tarado. No estoy haciendo la introducción a una broma. Yo creo en Jesús. El tipo vino a hacer algo bueno al mundo, a dar un mensaje de amor. Acá lo amasijaron porque no lo entendieron, o porque no les convenía entenderlo, o por las dos cosas (cuántos han muerto solo por venir a contar “inconveniencias”). ¿Todavía estás esperando el chiste?. Claro, estás confundido!. Mirá, si bien es cierto que me resbalan los preceptos religiosos y todas esas normas retorcidas que nos pretenden imponer; la fe va más allá. Si no fuera por la Iglesia (así, en mayúsculas, como institución), probablemente la fe gozaría de mejor salud. Hay de todo: Están los “hombres de Dios” –de todas los credos- que salen en los noticieros acusados de las peores felonías, tanto como los que juegan al diezmo, la exposición pública y la curación del milagro, y me revuelven el estomago. Pero también están los tipos que sostienen la cohesión de pueblos enteros en el interior del país, los que enseñar a los barrios carenciados a ser más que villas. Dicen que dicen que cierto cura de Ballester caminaba con muletas porque durante una de las épocas oscuras del país escondía “subversivos”… Hay de todo, y todo no es lo mismo. Y como todo no es lo mismo, yo también puedo ser un “soldado de Jesús” (ja) y mofarme de las imposiciones religiosas y los infiernos a los que pretenden condenarnos en vida. Y por eso entiendo la Navidad como un lindo mensaje. Tengas la fe que tengas, o aun sin ella, la historia de un flaco que hizo lo que hizo por amor, sigue siendo un buen mensaje. Algo para aprender y aprehender. No, ya terminé y no hice chiste. Y no es porque “con la religión no se hacen bromas”. Para mí es otra prueba de que Dios existe y es buen tipo. Con todas las barrabasadas –nunca mejor dicho (por Barrabás, salame)- que he dicho jodiendo a lo largo de mi vida, un dedo divino debería salir del cielo y aplastarme como a un muñequito de plastilina.



Y eso no pasó hasta ahora…

Papá Noel siempre da pie para hacer chistes. Pero ninguno que ya no se haya hecho. Entonces me pongo melancólico y hago referencia en una anécdota:
Hace ya muchos años (éramos muuuy niños), una Nochebuena, con mi hermano nos propusimos el firme objetivos de atrapar a Papá Noel dejando los regalos (obviamente queríamos saquear su bolsa gigante y ver si llevaba todas las cosas que nos debe de años anteriores cuando nos había traído ropa y queríamos juguetes). Por más que los adultos pretendían mantenernos lejos de lo que se denominaba “zona del arbolito”, llegando las 12 ya teníamos el perímetro listo. Mi hermano cubría la puerta que daba al comedor (“zona del arbolito”) y yo me había apostado en el garaje para que no pudieran entrar los regalos desde la calle. Por más brindis y fuegos artificiales –y gritos de enojo llamándonos- que hubiera, no nos movimos de nuestros lugares. Con la seguridad que no pudo ingresar ni un alfiler envuelto para regalo, nos juntamos para atravesar la puerta que nos separaba del objetivo de nuestro plan (por cierto, si nuestro plan había salido bien… nos estábamos quedando sin regalos). Ya sentíamos el sudor nervioso y la desazón de los adultos cuando pusimos la mano en el picaporte (uno solo, tampoco es que teníamos que poner las manos los dos juntos). El ingreso a la zona del arbolito confirmó que no había pasado un alfiler… Había dos ENORMES BICICLETAS.
(Seee, como grupo comando somos un tristeza)

Bueno, esto ya se hizo largo. En fin, volvamos a la esencia. Si vamos a hacer bolonqui en estas fiestas, que sea por el estado de ebriedad que uno se agarró por divertirse, las carcajadas en familia, los regalos bienvenidos (una cámara digital me vendría bien) y los no tanto (NO colonia ni desodorante, NO medías, a lo sumo remera en oferta); por los debates y reproches que solo pueden darse entre personas que se quieren lo suficiente como para gastar energías en seguirse hablando. Ah… y que la joda no termine a las 12 que para algo el 25 es feriado!!! (sí, ya sé, para seguir comiendo pero también para dormir y recuperarse de la resaca).


Y ahora sí:
FELIZ NAVIDAD PARA TODOS




(no Macri, para vos no)



(te odio, Macri)

sábado, 22 de diciembre de 2007

Civilización Piojosa



Estadio Único de La Plata: Buenas noches, bienvenido al Ritual

Yo: Buenas Noches, un placer y WOW.


miércoles, 19 de diciembre de 2007

Final de Psicología

En los pasillos merodean almas nerviosas poniendo sus ojos una y otra vez sobre apuntes que sus nervios no dejan ver. Yo llego tranquilo, como siempre. Y como siempre no sé si es bueno o malo estar tan tranquilo en los exámenes, dado que ese es mi estado sin importar materia, profesor o que tanto haya estudiado. Simplemente, estoy tranquilo. Debe ser una suma de cosas: en general voy preparado a rendir; suelo ser seguro de mí mismo, y no veo a la mesa evaluadora como un concilio de seres inalcanzables (son personas, pueden tener agujeros en las medias, pueden mirar el noticiero, pueden pasear al perro los domingos, y hasta pueden –una minoría- esmerarse para llevar dignamente su labor). La evaluación es oral, dedica casi una hora a cada alumno. Mientras espero mi turno charlo con compañeros (y no tanto), tomo algunos mates en preceptoría, compro unos caramelos enfrente del Instituto, le hago morisquetas por una ventana a un piba que está rindiendo (penosamente, parece) un final de química, y me entero tramas ocultas del Profesorado con las siempre atentas porteras.

Bueno, mi turno.


La profesora me tiene en buen concepto. Me cree desmesuradamente interesado por la materia, reconoce mi apetito de saber, y destaca mis conocimientos. A pesar de todo esto parece que le resulto afable (piensenlo, no es un error, muchos docentes se sienten “amenazados” por los alumnos con cierto nivel de erudición) (o sea, yo no aporto mucho pero me ha alcanzado para sacudir a ciertos “profes” de poca cadera). Eso me hace dedicarme un poco más para que el examen sea más grato: Juego a jugar con juegos de palabras. Pongo en los labios de Piaget, Vigotsky, Watson y Skinner expresiones mundanas nunca ocurridas, que alterno con citas textuales y conceptualizaciones propias. Busco pintar a cada teórico como espíritu y sangre más que como letra e imprenta. No recito la lección, sino que expongo el tema. Ejemplifico un poco, doy algunas fechas y hechos (Watson, en 1913, con su “Manifiesto Conductista”… JHA!). Paseo articulando contextos históricos y paradigmas. Todo parece regado por un aroma a charla de café de facultad: Los conocimientos se expresan contundentemente en un clima agradable y relajado. La profe solo interrumpe mi oratoria para hacer una de esas preguntas en las que sabe de antemano qué es lo que voy a responder, pero busca escucharlo. Y yo, detecto la intención, y respondo justo eso. Y me ensancho y agrego un poco más.
El viaje es tan agradable que sabe a poco que termine rápido. “Más que suficiente” me dice con una expresión que mezcla reconocimiento de mi esfuerzo y orgullo por su trabajo. En menos de un cuarto de hora tengo un “Diez” decorando la libreta. Saludo amistosamente a la profe y cordialmente al resto del tribunal.

(se, digan lo que quieran pero…)

Inevitablemente estoy muy contento conmigo mismo.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Entre esos tipos y yo hay algo personal


Buenas noches. Buena noche.

Saludan los caballeros, ávidos de volar. Saludan los caballeros con la elegancia propia del viejo continente. Saludan los caballeros con la picardía y el desparpajo de quienes se saben profetas en su tierra.
Son caballeros del viejo continente. Son profetas de éstas pampas.

Lo guardaba en el cajón
donde guardo el corazón.

Voces gastadas, canciones que se llevan adelante con canturreos a viva voz.
Hay gestos cómplices. Entre ellos, entre el público, entre el público y ellos.
Hay miradas que se entienden. Entre ellos. Entre la poesía y la bribonada bien intencionada. Entre el matiz romántico y la romántica aventura. Entre la caricia fraterna y los hermanos de juerga.

Soy casi un beso del infierno,
pero un beso, al fin, señora.

Evidentemente hay gente todavía que gusta de la gente.
Evidentemente aun se puede despertar el alma entre acorde y acorde.

Me asalta la sensación de reencuentro con mis tíos bohemios. Esos que me acunan canciones desde mi niñez. No sé si es el pecho alborotado de emociones o el eco de mis palmas intentando un estruendo que resuene como el cariño mismo, pero algo me ensordece y abstrae. Me toma en su mano calida, detiene el tiempo para robarlo y regalarlo a la vez.

Casi podría llorar cuando se escurren algunas estrofas un poco más cerca de mí que mi propia piel.


Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño…

Dos caballeros con el exabrupto permitido. La puteada rioplatense se presenta en los labios catalanes. El hombre del bombín juega a la respuesta más cómplice que contestataria. La risa entra sin pedir permiso. Se acomoda doblando la cantidad de multitud en la Bombonera. Bailecitos, pases de comedia, saltos, cargadas, actuaciones… Gente Grande!!!

Que bien les queda ser como son. Que bien que quedan entre nosotros.
Son aves de quedarse.

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea...




miércoles, 12 de diciembre de 2007

Para andar con Diciembre.




Y en qué ando ahora….


Ando intentando postear algo para que este Blog no parezca armarse en base a recitales solamente. Y me apuro, porque mañana me inundaré de matices y magia en la Bombonera. Sabina y Serrat son dos de esos tíos bohemios que tuve la suerte de tener desde muy chico.
Y el Sábado Los Piojos. Y el Domingo Calamaro. Definitivamente hay música en mi vida. Y letra.

Muy a mi pesar… Ando con la cabeza puesta en los 3 finales que me falta rendir. Me exijo mucho, en el estudio soy así. Quiero la mejor nota. Quiero que cada examen sea sublime en contenido. Hace unas semanas me saqué un 7. Un siete! Hacía mucho –mucho- que no bajaba de ocho en una calificación en el Profesorado. “Un docente de 7 puntos es un buen docente” me dijo el profesor de la materia. “Buenos docentes ya hay”, le dije. Mi frase desborda ambición. Pero la sigo eligiendo. El problema entonces, no es exigirme mucho. El problema está en que ser coherente con esa exigencia requiere mucho tiempo y esfuerzo. Y eso es muy complicado en Diciembre.

Diciembre es casi un estado. Y yo ando en Diciembre.

Las fiestas y la inminencia de las vacaciones se confabulan. Y mi jefe no entiende que… ¿Cómo explicarlo? Diciembre no debería ser laborable. Una estupidez, seguro. Pero no van a negar que pasa. Con Yoh, mi compañera de la oficina, tenemos la seria sospecha de que el reloj está jugando con la jornada laboral. Ponemos algo de música y nos olvidamos. Hasta que algún quilombo nos haga acordar. O alguna locura se quiera robar la melodía.

Ando con ganas de volar. Todo el tiempo. Siempre. Creo que todo el año. Y un año nuevo es un cielo abierto.

Volar como nunca. Vuelo buscando encontrar las banderas de mis chicos agitándose en cada campamento. Mientras tanto no me alcanza el tiempo para terminar de armar todo lo que quiero armar para el evento de Enero en Ezeiza. Y ya se me viene encima.

En un planeo más bajo y furtivo, aun ando con ganas de encontrarme a cierta gente que miente y lastima en las condiciones adecuadas. La vida se encarga de ir saldando deudas. Pero los platos fríos uno quiere servirlos en persona. Para recordarles con quién están tratando. Sí, creo que ya va siendo hora. Me imagino que le informarán los espías a su nefasto líder: “Hemos encontrado al enemigo. Y somos nosotros mismos”.
Pero primero Ezeiza.

Mi cabeza sueña con mi cuerpo reposando a lado de un río cordobés, a horas de ruta de distancia de la oficina y los exámenes finales. Con una suave brisa jugando a envolver las ilusiones. Con Cachorra, el Ari y la Vicky (si aun hay Vicky) pasando el tiempo con la sola obligación de pasar el tiempo entre el abrazo de la sierras. Me gusta estar con “mi” gente. Cachorra puede encender el día con solo una mueca de su sonrisa. El Ari es un elixir para las raíces de mi alma. No creo que pueda pedir mucho más para un verano.

Creo que llegamos a un acuerdo con Cachorra: El 2007 fue un buen año. Pero necesito algo más. Mejor tomo el 2007 como el impulso de lo que será el 2008. Claro que no creo que el año nuevo “viene” y ya. Hay que hacerlo día a día.

Definitivamente muchas de las mejores ideas se me siguen ocurriendo en el baño. O cuando salgo a correr. Pero, dado que hace algunas semanas que no salgo a correr… Son dos situaciones para encontrarse con uno mismo… y me ahorro cualquier chiste.

Hoy pensaba cuánto de HeRmes tiene Scar. O si son dos personas distintas. Creo que las dos cosas.

Tengo muchas ganas de leer. En casa tengo muchos libros comprados durante el año que no toqué porque “si leo no estudio”. Y bastante para leer tengo para los exámenes. Ya que éste verano no voy a hacer ninguna materia de la Facultad, voy a intentar ponerme al día.

Y escribir. Hace mucho que no escribo. Sí, está este Blog. Pero hablo de mis eternas novelas inconclusas. Y esos cuentos y poemas que tanto corrijo y edito hasta que algún alma piadosa los saca del alcance de mi mano.

¿Ando con más? Y.. sí. Aunque sea lo de siempre. Ganas de tener a mi hermano al lado para sentirme completo. Ganas de pasar horas y horas mirando series y películas. Ganas de encarar proyectos y desafíos nuevos. Ganas de repetir el ritual del FIFA y el café con leche en jornadas maratónicas. Ganas de darles salidas verdes a los perros.

Ganas de encontrar la salida de éste gris laberinto
Mientras tanto, creo que le voy tomando el gusto al mate.
(Pero que me los cebe Cachorra)


En qué ando ahora…

Me doy cuenta que tengo algo bueno.

Seguramente también hay de lo malo.
Y de lo jodido hay a raudales. Es una certeza casi voluntaria.

Ando escribiendo esto.

Y no hay forma.
Los posts no me salen cortos.

y yo sigo sin tiempo, pero con música.

lunes, 10 de diciembre de 2007

El Viaje de las Partículas


Algunos puntos sobre el show de Skay Bellinson en The Roxy el Sábado


(bah, lo que se me ocurrió a partir de...)




  • The Roxy está bueno –no lo conocía-.




  • Es re chiquito así que se ve bien de todos lados.




  • Es re chiquito así que si alguien prende un pucho mal no zafamos ni de casualidad del fuego.




  • No vi salidas de emergencia (eso me preocupó un toque)




  • Soy de ir mucho a recitales. Algunas veces (cuando nadie se copa) voy solo. Pero mejor ir acompañado. No hay nada como intercambiar “esa mirada” que dice: “Wow”.




  • Skay Bellinson te saca dos o tres de esos “Wow” por minuto (eso no significa que te la pases mirando a tu acompañante).






        • Es un violero de p. madre. Y tiene actitud sobre el escenario, tiene onda.




        • Y pone caras -muchas-. Mi predilecta: "Le voy a tirar un beso a alguién que está lejos y no sé si le acierto para ya lo estoy gozando" (Los labios juntos para afuera, una mueca de sonrisa, la mirada furtiva y la cabeza balanceandose de un lado al otro)




        • Y lo rodea esa mística que solo tienen algunos.




        • “Esa” mística la tienen él y el Indio. Nadie más.




        • Los Ricoteros, cuando nos juntamos, somos re heavys. Cantamos, gritamos, agitamos, todo con una atmósfera de turba iracunda que entiendo que asuste a la comunidad.




        • Yo, la verdad, la verdad, no soy de ponerme tan heavy. Pero medio que la turba iracunda te atrapa.




        • Que “los Ricoteros” somos algo así como una Raza aparte es una idotez. Hay de todo. Yo sé más de 30 palabras aprobadas por la Real Academia Española, no estoy consumido por la droga y el tetra (no lo elijo y no me gusta, respectivamente); y no creo que hay que matar a todos los que no son fanas de los Redondos como yo.




        • A Cerati por ahí sí. A veces al menos. Lo escucho hablar y le daría aunque sea un golpe. No sé bien porque.




        • Que “los Ricoteros” somos algo así como una Raza aparte es verdad. Suenan los primeros acordes de “Jijiji” y ya se siente que la expresión “el pogo más grande del mundo” nos sigue quedando chica. Y si no sos “raza”, dudo que sobrevivas a la manada.




        • Cuando Skay tocó “Jijiji”, en su segundo bis antes de terminar el show, podríamos haberle ganado a Tyson, la Hiena Barrios, los Pumas, los All Blacks y los Travas de Palermo juntos.




        • Durante el pogo no me acordé que no vi las salidas de emergencia. Mejor.



        • Estar en la valla es genial. Pero te morís. Podés pasarla mal. Podés terminar en la urgencia del hospital. Te empujan, comprimen, golpean, embisten. Cuesta respirar. Todo el mundo lucha por estar en tu lugar. A veces te escupen. Te comes los golpes cuando sacan a los mantequitas que no aguantaron. Te pisan y patean. Todo eso ahora imaginalo hecho por Ricoteros. Es peor. Mucho.




        • Pero la valla sigue siendo genial.




        • Si tu amigo queda en la valla y vos quedás atrás la pasas peor. Te bancás todo lo anterior por dos. Porque, si sos más o menos copado y pulenta, te aguantas la manada intentando no descargarte sobre el de adelante. Porque sabés que la valla duele.




        • Y porque no queda que lo apoyes.




        • “Si se arma quilombo salimos por adelante”. Eso suponiendo que existan salidas de emergencia detrás del escenario.




        • Le dicen “Flaco”. El Sábado estuve tan cerca que puedo ratificar el apodo. Creo que Mariana Fabbiani le gana en un cuerpo a cuerpo a Skay.




        • Lo de “Capitán” todavía no lo sé. Y dediqué como 10 minutos a buscarlo en Internet pero el Google solo me habla de una película llamada “Capitán Sky…”. Seguro que es porque aparece Angelina Jolie (al Google, como a todos, le gusta Angelina Jolie).




        • Los temas de Skay son tremendos. Skay es tremendo. La banda es tremenda. La fuerza de Skay sobre el escenario es tremenda.




        • La baranda que tiene algunos Ricoteros también es tremenda.




        • Es parte del juego llevarme tu sudor mezclado con el de mil personas más. No hay nada que hacerle, ES ASÍ. Pero hay algunos que tienen un ecosistema virgen e inhóspito en sus axilas.




        • En los temas de Skay lo melódico supera ampliamente a lo lírico. Y eso no es un defecto.




        • Aunque “Canción de Cuna” (la del niño robot)... sólo porque es Skay. Si fuera otro no tendríamos piedad. Pero es Skay. Es como “Sexy y Barrigón” –por nombrar solo una- de Calamaro (Andrés, obvio. No hay otro).




        • Tiraron dos bombas de estruendo. Eso hizo mucho más que preocuparme.




        • Cuando tiraron la segunda Skay debería haber parado todo y decir algo.




        • Una bomba de estruendo te ensordece. Te puede lastimar mucho si te alcanza. Y en un lugar cerrado… bueno, ya sabemos lo que puede pasar.



        • Skay debería haber bajado del escenario y destruirlo a trompadas al infeliz que tiró la bomba de estruendo.




        • Todos deberíamos haberlo hecho.




        • Y no me vengan con “rituales”, “tradiciones” y esa cosas. No compro que sea parte del protocolo del buen Ricotero morir como un estúpido.




        • “Arcano XIV”, “Ángeles caídos”, “El Golem de Paternal”, “El Gourmet del Infierno”, “Gengis Khan”. Algunos de los puntos más altos del concierto de Skay.




        • “Rock para los dientes”, “El pibe de los astilleros”, “Jijiji”. Algunos de los puntos más altos del concierto de los Redondos en el concierto de Skay.




        • “Solo te pido que se vuelvan a juntar”. Lo veo difícil. Muy difícil. Igual es Imposible no pedirlo.




        • Por ahora nos vemos en lo de Skay.



        • O en lo del Indio.

        lunes, 3 de diciembre de 2007

        si no se agitan con la policía...


        Llegó el día. Mi oportunidad de ver en vivo –y juntos, que no es poco- a la legendaria banda integrada por Sting, Andy Summers y Stewart Copeland. Son las seis de la tarde del Domingo. La entrada anuncia el inicio del show para las 21.30.

        Luz y calor que se abalanzan sobre mí. Fuego en el centro de la escena. Un espectáculo fascinante. Soy parte de un ritual mágico. Mis ojos se pierden en las figuras iluminadas al rojo. Mis manos se extienden hacia el ardor para contribuir a hacerlo crecer. A mi lado veo como otras almas como yo se regocijan con la puesta en escena. Solo falta que suenen los primeros acordes de alguna de esas canciones que me agitan sangre y espíritu para que el momento esté colmado de sensaciones. Lo medito unos segundos mientras agrego algunas maderas más y resuelvo: Ni a palos bajo desde la terraza a buscar el equipo de música, ya tengo las manos llenas de cenizas y voy a ensuciar los CDs! Respiro hondo y empiezo a desprender la grasa pegada de la parrilla. Varios pensamientos asaltan mi mente: “Tendría que haberla limpiado hace semanas”, “Le voy a poner más fuego porque esto no sale”, “¿Cuánto saldrá un martillo neumático?”. Cachorra me ceba unos mates y pierde su mirada en el fuego con esa expresión de “Pará que es para sacar la grasa nomás. Es mucha leña. Tengo miedo. Mirá que me voy y te inmolas solo”. Los perros se acercan, pero el único atractivo para ellos es el aroma de la grasa caliente. El proceso me lleva como una hora (cuando dije que la grasa estaba pegada no estaba jodiendo) y varias quemaduras.

        Me pego un baño. Me pongo la “ropa de recitales”, esa que uso para meterme al pogo, para ir a la valla, para soportar sudores y forcejeos propios del “campo” de los recitales. O sea, al pedo porque tengo “general” y voy a ver a The Police…

        En 40 minutos de auto llego al Estadio de River (no voy a hacer chistes sobre gallinas, su actualidad es peor que cualquier cargada) (bueno, lo hice). En la zona hay una evidente acumulación de vehículos. Y también están mis ganas de “no darle 10 pesos al flaco ese que de prepo me quiere cobrar por dejar el auto en la calle a la intemperie con la excusa de que me lo va a cuidar y la calle es pública y porque tengo que pagar si ya pago mis impuestos y encima te enojas si lo quiero estacionar igual y yo ya sé como es cuando salgo del recital y vos ya estás en tu casa durmiendo y mi auto bien gracias”. Conclusión: estacioné el Taunus tan lejos del Monumental que podría haber usado el baño de casa en vez del de la cancha.

        Embocarle al acceso que corresponde a mi entrada en las canchas siempre es una odisea para mí. Voy vagando de puerta en puerta recibiendo indicaciones del los siempre amables muchachos de control y seguridad: “No, es por la otra calle”, “Retomá la avenida y dos cuadras a la izquierda”, “¿Otra vez acá?”, “A menos que entres a campo descolgándote de una bandeja tenés que ir por el otro acceso”, “¿Qué parte no entendés?!”, “Yo que sé si los rinocerontes ven en colores!!!”, “¿¡¿¡¿Me dejás en paz?!?!, te dije que no soy tu padre!!!” y así. Parece como si el Estadio aprovechara su forma circular y fuera girando sus accesos a medida que voy caminando como un sueño macabro (no sé, yo me imagino eso).

        Limpiar la parrilla, estacionar el auto y acertar al acceso al estadio hizo que mi llegada coincidiera con los primeros acordes del show de The Police. ¿Beck hizo de telonero? La verdad no sé.



        Me llamó la atención ver el Monumental a media capacidad o menos.
        El Campo VIP estaba bien lleno. Mis estimaciones son a ojo, pero ahí debió haber como dos millones de pesos cerca del escenario… porque con los precios que había…
        El Campo NO VIP estaba tan vacío que River podría haber jugado su partido de la fecha (total…)(je, lo hice de nuevo).
        Las plateas eran… raras… tenían sectores de mucha aglutinación… y algunas lagunas incomprensibles. Parecía que la gente no se ubicaba en función de como se veía el escenario. Alguna mente siniestra los habrá organizado con un “Tengo una idea re piola. Dejemos un par de espacios libres de tanto en tanto y sembremos el pánico y la confusión”. Es una posibilidad, ¿no? Las mismas mentes siniestras que votaron a Macri debieron ser (con lo que salió ir a ver a The Police tengo serias sospechas de que Macri tenga algo que ver).



        Hablando de gente que roba… ¿$ 60 por una remera? . Lo miré al flaco del Stand y le dije “Por $60 espero que tenga licenciatura en algo al menos”. La compré a $ 15 en la calle y le di un abrazo al pibe que las vendía.



        El show tuvo cosas buenas, malas y jodidas.

        Buenas: Cómo tres tipos pueden ser tan virtuosos que te olvidas por completo que eso que suena de p. madre, que te lima la cabeza y te saca el aliento como una banda re completa y aceitada SON SOLO TRES TIPOS!!!
        Andy Summers es un violero simplemente ES-PEC-TA-CU-LAR.
        Sting me llamó la atención. Primero porque tiene una energía y una presencia del tipo que no va a envejecer nunca. Es como los abuelitos esos de la propaganda del agua. Y por otra parte tiene esa expresión en la cara… ¿cómo decirlo? ¿Vieron cuando tienen a alguien adelante que les da la sensación que en cualquier momento se desgracia de la risa? Así es Sting. Parece que en cualquier momento se le escapa una carcajada, y tiene esa cara todo el tiempo!!! Por ahí el tipo se la pasa recordando escenas de Padre de Familia, Friends y los Bañeros más locos del mundo durante el show (ponele)(son las que a mí me hacen reír), y está así, como con esa risa potencial todo el tiempo. Y en cualquier momento se tira un “RooooxaaaaneeehahahaHAHAHAhahahaHAAHHAHA”. Y la gente aplaude, por supuesto.
        Stewart Copeland es uno de los mejores bateros que vi en mi vida. Se mandó la parte con un Xilofón –o algo así- y un Gon como ese que usan los chinos o japoneses antes de las peleas de karate y de sumo –o algo así-. Y la batería parecía una mina sadomasoquista entusiasmada que respondía con orgasmos musicales ante cada golpe que él le acertaba (no, no tengo problemitas).

        Malas: Se ve que las pantallas eran algo viejas y tardaban en calentar el tubo para arrancar (¿?), porque pasó un tema y medio en el que escuchamos a The Police, pero en lo que respecta a lo que veíamos los que estábamos por allá atrás –casi en otro país-, tranquilamente podían haber puesto una orgía de Teletubbies sobre el escenario. Y después nos bancamos todo el show con el sonido y el video tan de acuerdo como cuando vas a un bar y te ponés a ver la tele mientras suena la música a todo lo que da. (Che… en verdad soy más copado en los bares). Decí que Sting se ocupaba en demostrar que no era Playback y le ponía energía –total tiene mucha, el tipo es una Eveready viviente-.

        Jodidas: Por más que Sting trajera un grupo electrógeno no había forma: la gente no se prendía con nada. Una que otra cabecita sacudiéndose con la música y agitando (la mía claro). El chabón decía “Dododo” y apenas se oían algunos “Dadada” (y los que repetíamos “Dadada” parecíamos un curso de “lentitos”). Chocaba las palmas un par de veces al grito de “Everybody” y si no anda el timbre no te va a abrir nadie aplaudiendo así. “Hoy hay 50.000 almas aquí” intentó Sting en un esmerado castellano para desatar la euforia… “Avisá que manden los cuerpos también porque así no hacemos un carajo” dije porque soy así de jodido –y me gano el amor de la gente-. Y esta falta de onda nada tiene que ver con que había un perfil de personas mucho más maduro (grande, viejo) que en otros recitales. No. En un momento de esos en los que buscaba una explicación a ese tímido vaivén que apenas exhibían los asistentes, mi vista se encontró con dos personajes que, aprovechando el amplío lugar en el campo NO VIP se sacudían como epilépticos en un samba. Y los dos eran tipos “grandes” (sí, ya sé. Yo no soy ningún pendejo. Pero estos eran cuarentones al menos) (y no me vengan con que veinte años no es nada). Uno de camisa blanca y otro pelado de remera verde saltaban como debe hacer Messi para llegar al mostrador del Pumper (tiene problemas de hormonas el pibe), giraban al estilo Linda Carter en la Mujer Maravilla y revoleaban las patas con una virulencia y vigor que Chuck Norris les mandó una felicitación. Así se vive un recital. Al de camisa blanca, en un momento la mujer lo corrió como 50 metros intentando frenarlo un poco de su trance musical. Y el pelado de verde (da para un chiste? NO) fue con la hija que no de debía tener más de 7 u 8 años. El padre bailaba, la revoleaba, la alzaba…. La nena la pasó fenómeno. No sé si The Police le gustó, pero, una vez que asumió que el padre estaba loco, se la pasó riendo todo le recital.


        A mí, estar en un show tremendo, y ver tan poca emoción manifiesta en la gente, me recordó a un ex compañero de laburo que tenía en un servicio técnico de máquinas para oficina en San Telmo (Unitrono para los amigos). Una vez lo enganché quejándose de la gente en los recitales, y cerró su exposición con una frase que pasó a ser un latiguillo: “¿Para qué saltan?”.

        Se salta, se baila, se grita, se sacude y agita. No es porque “lo hacés”. Es porque “te pasa”.

        Y a mi me pasó con The Police.
        Y lo disfruté.
        Aunque por momentos la gente me miraba con expresiones del tipo “¿Qué le pasa?”, “¿No se puede sentar y quedar quieto?” o “Mirá que saco el arma que tengo en la cartera y te doy en el medio de los ojos”.

        No importa.
        A mi me pasó con The Police.
        Y, por lo menos a dos personas del campo, también.

        Pero esos sí que se re fueron a la miércoles con la emoción. Para mí tenían problemitas. Serios.