jueves, 11 de febrero de 2010

Capítulo inconcluso

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"Más, más hambre que nunca.
Más de lo menos.
Más, más hambre que nunca.
Más hambre que alegría"
Los Caballeros de la Quema
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Llueve.
Llueve mucho.
¡Mierda que llueve, casi no se puede ver!
Y está lloviendo hace una eternidad.
Está lloviendo con bronca.
Con ganas y con bronca.

Me muevo sobre el pasto mojado, inundado. Cada paso chapotea en el barrial, cada trotecito salpica. Si no fuera por lo pesado de mis pies, no me daría cuenta que chapoteo. Que salpico. Es que llueve tanto, pero tanto, que las gotas de arriba hacia abajo se mezclan con las que se arriesgan de abajo para arriba. Es que llueve tanto pero tanto que la ropa está hecha de agua, y ya no sé si es mi talle.
Es que llueve tanto que no es lluvia.

Este aguacero se lanzó como si fuera el último antes del fin de los tiempos. Con gotas que parecen piedras de agua. Una cortina de rocas que no deja ver.

Y escuchar… eso es distinto.

Porque entre el feroz diluvio se me perdió su propio sonido. Tanta agua confunde.
Pero igual escucho.
Escucho gritos de mis compañeros, gritos desesperados, casi frenéticos. Voces dispersas y preocupadas se me acercan agonizando entre el derrumbe de agua que nos golpea.
Y también escucho miles de almas que se unen detrás de la tormenta. Un coro iracundo que le hace frente a la tempestad.
Los escucho.

El viento tiene voz de huracán y se anuncia como una horda de fantasmas vengativos. Me empuja el cuerpo.
Empuja a los hombres que me rodean.

Más no puede empujar al agua que cae tan pesada.
Aguacero y vendaval son dos demonios viciosos y desquiciados que corren el campo anegado con los ojos cerrados. Y apenas se molestan entre sí.

Más no pueden tapar al coro iracundo de almas.
Ahí están. Aun gritan. Aun puedo escucharlos.

Gritan mi nombre.

Yo mismo grito mi nombre.
Veo la acción a mi alrededor. Creo que la veo.
Busco ser parte del juego. Como siempre.
Corro, chapoteo, salpico, me pesa la ropa, me pesan los pasos. Me golpea el agua. Me insulta el viento.
Me empuja el alma.
Me empuja a no aceptar que el juego terminó. Me empuja a demostrar que soy dueño de mi tiempo y no al revés.

Y gritan mi nombre. Gritan mi nombre como si fuera el último gladiador en la arena.

Todo se mueve. Yo me muevo.
Hombres agobiados. Gritos, miedos, desespero.
Se mueve todo más rápido. Yo no voy tan rápido. Yo no detengo mi paso. El alma me empuja.
Mis compañeros me ven, a veces me ven sin mirarme. Sé que me ven. Sé que el coro grita mi nombre.

No, no terminó.
No, ni el tiempo ni la batalla.
No termino.

Soy el hombre.
Soy mi tiempo.
Grito mi nombre.
Todo se precipita, todo es un caos.
Los hombres que me miran, a veces sin mirarme, y aun salpican sobre el pasto.
Las voces, el coro. Mi nombre otra vez.
La acción, la velocidad, la desesperación, el momento que se acaba.
El juego que quiere acabarse. Las almas que le ganan al estrépito de la tormenta.

Es mi tiempo.
Soy un hombre entre hombres.
No terminó.
Dos demonios desquiciados y viciosos ríen enloquecidos. Ríen sobre los hombros de uno y otro lado de la batalla. Sobre sus almas, sobre lo pesado de sus pasos, sobre la agonía de los minutos.
No terminó.

También soy un hombre entre ellos.
Soy un titán entre demonios.
No terminó.

SOY UN TITÁN.

Todo se precipita… y yo hago mi parte.
Hago lo que puedo.




. Lo hago.





El viento no importa ya. Aunque aun es un vendaval.
La tormenta es un murmullo. Aunque aun caen piedras de agua.

El coro estalla, grita, vocifera, aclama mi nombre.
Mis compañeros también gritan mi nombre. Me buscan, me rodean, me empujan, me abrazan como se abraza una leyenda.

Soy el titán
Soy la suerte amarrada a mis pasos, a mi historia.

Dicen que es una hazaña.
No lo sé. O sí, sí lo sé.
Por eso lloro.
Por eso agradezco al cielo inundado de lágrimas.
Y el cielo llora sobre mi rostro.

Agradezco a la suerte, a los míos, a los hombres.
Gracias.
Lo grito con todo el rojo de mi garganta: ¡Gracias, gracias!
Agradezco y lloro, porque puedo ser dueño de mi tiempo.

Un referente para hacer hombres a mis hombres.
Lloro. Sigo llorando.
El coro está desbocado, tanto que me hacen ídolo.
Gracias. Gracias.

Soy un titán entre demonios. Eso dice el viento.
Soy mi propio mito. Eso dice la lluvia.


Soy un hombre, y hago mi parte en el juego.



Soy un hombre, y doy gracias, porque soy dueño de mi tiempo.





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Ni el partido de fútbol ni su protagonista son, en definitiva, los ejes de la historia, cierto.
Tan cierto como que este relato también está alimentado por pasiones.

Igualmente, revivan ese momento y díganme si no está por llover…
http://www.youtube.com/watch?v=ZK5CequPNNw

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