martes, 19 de mayo de 2009

Tañidos de niebla

"...para cada tino la ciudad comienza
en un sitio cualquiera, pero siempre distinto..."
Mario Benedetti
Un Grande (con G mayúscula).
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Se me escapó la perra”. Era un mensaje de texto conciso, certero, escueto. Solo 5 palabras. “Se me escapó la perra” leyó en la pantallita de su celular. Leyó y se quedó duro, como pasmado frente a la computadora de la oficina. Una planilla de cálculos reclamaba acción demorada, el teléfono sonaba vociferando obligaciones, un jefe perdía la paciencia ante la impavidez solo aparente.

- ¿Qué pasó? - le preguntó una voz femenina.
- Se le escapó la perra
- ¿En tu casa?
- No – Se levantó de la silla, se puso su abrigo, tomó las llaves del auto y dejó que el instinto y el ímpetu reacomodaran prioridades, -Salgo un rato-

¿El jefe? Bien, gracias. Arrancó raudamente su vehículo, y manejó con más pericia que cuidado las 10 calles que lo separaban de esa casa en la que faltaba una perra.



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La banda de jazz se despidió furiosamente en ese bar. Las pizzas se terminaron. Y las ganas aun encendían esa noche gélida de otoño en la ciudad. Las cosas iban mejor. Mucho mejor. La primera vez que se vieron, el porteño y la boliviana compartían una fiesta de dudosa calidad, de esas que buscan un pretexto los jueves para hacerse viernes. Claro, no lo logran, pero para quien las transita desde el jueves, sin pensar en viernes o pretensiones, no son tan malas. Y él había recorrido las calles de su ciudad como un extraño, como quién está en una ruta equívoca. Ella…, ella venía atravesando fronteras desde su Cochabamba natal, sin tener muy en claro qué estaba buscando. Él era un extraño en su ciudad. Ella estaba perdida en todas las ciudades. Sin embargo, la noche que se conocieron pudieron salir de esa fiesta sin pretensiones, tomados de la mano. Las cosas habían mejorado desde entonces. Porque esa primera noche no hablaron de política, ni de religión; y casi tampoco, de drogas. Y sin embargo él vociferó su odio a todos los oficialismos del gobierno, al de la ciudad en la que vivía, y al del país que la contenía. Y sin embargo, ella proclamó su apoyo a la distancia a su primer mandatario, y un escozor se hizo guerrilla cuando habló de convulsiones internas. Pero el oficialismo de su ciudad y su país se oponían y él se oponía a ambos. Pero las virtudes de la ciudad andina contrastaban con la violencia a las revoluciones de las villas pobres, todo parecía salir del gobierno; y ella no terminaba de tomar partido. Los jueves son confusos por las noches. Incoherentes. Tañidos de niebla los envuelven.

¿Incoherencias? Los oficialismos son culpa de muchos, y en ese caso no debiera ser tan malo. Las revoluciones se adeudan en muchas ciudades. Las personas al poder no son un cáncer, aunque parece una enfermedad que falten “muchos” y revoluciones. Los jueves son incoherentes por las noches. Dos autoproclamados zurdos, sin pretensiones, terminan tomando un café en el más capitalista de los locales. Se esconden del frío y del amanecer. “Que esto no quede en el legajo” dicen ambos, culpables de que esa gran “m” no sea la del marxismo.

Lo que no te mata te fortalece” habían acordado un rato antes con uno de sus autores favoritos.

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Los hombres no lloran, a veces lagrimean.

El auto detiene su marcha pero no su motor. “¿Qué pasó?”, pregunta el conductor. “Eso que te puse en el mensaje” responde desde la vereda y junta coraje para seguir en pie. Ambos se entienden. Es un lazo. Un lazo que los une más allá de las palabras. El mismo que hace a uno merecedor del único mensaje de texto que comunicaba la tragedia, es el que lo arranca a la calle a responder. En ese momento, 5 palabras sobrarían.
Se saben, se conocen. Insisto, es un lazo. Y ese lazo tiene mucho de perros. De acompañarse en los caminos de las calles, de buscarse en las guaridas, de seguirse rastros. De soportar el olor a perro mojado que dejan las tempestades.

La…”, un poco más de coraje, un poco más, “…la escuché ladrar hace un rato por acá…”, y señala ningún lugar a la vuelta de la esquina.

Ok, quedate tranquilo. Estate atento”, contesta y otra vez exige al motor. Son representaciones burdas, pero necesita que la vibración furiosa del vehículo sea la misma de sus congojas. Rápido, muy rápido empieza a recorrer las calles.

Círculos cada vez más grandes”, “Dos cuadras”, “Tres cuadras”, se repite mientras conduce el auto a seguir a sus palabras. Recorre las veredas, los umbrales, “Tiene que aparecer”, no puede darse el lujo de ir más despacio, sus ojos deben ser más veloces, “tiene que aparecer”…

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A la salida del bar, donde las cosas eran mejores, mucho mejores en esa segunda cita. Esa vez hubo buena música, comida que mejoraba con cada acorde hasta dejar de importar, abrazos y besos, algunos como la primera vez, otros, más cálidos y genuinos; todo con sabor a suburbio. Era más cómodo para gente así. Mucho mejor.

Esa vez ella dejó escapar expresiones deliciosas que él festejo como bolivianadas, aunque no eran más que un español correcto, mucho más adecuado que los exabruptos que rondan la ciudad rioplatense. El juego era sonrojarla, claro.

Esa vez él dibujó la segunda cita, y la posibilidad de que esa chica que no creía en nada, hubiera puesto su fe en verse un domingo, por decir un día.

El auto se había perdido en las calles vacías, tan llenas de ese otoño de veredas frías, de paredes húmedas, de un policía en la esquina exhalando vapor de su boca, sólo acurrucado en su campera. Él buscó entre las llaves el control de la alarma para que el juego de luces y sonidos le diera una pista. Un indicio, una respuesta. “No pido tres veces un teléfono”, le había dicho días atrás –cuando el viernes comenzaba-, en ese mismo auto. Ella se animó y le hizo un par de cargadas. Él fingió enojo, ella cayó en la disculpa leve: “Solo te estoy molestando”. “No, no me molestás para nada”.

Antes que la ciudad rompa el hechizo él la invito un café. Pero un café de verdad, no de máquinas y corporaciones. Un café de intimidad, de esos que se hacen en tazas propias, y se baten con esmero. Un café. Como si fuera una fiesta un jueves. Un pretexto.
Y a ella le gustaba el té. Definitivamente, había que tomarlo al calor de una estufa. Ella lo invitó a su casa, donde había té, y con suerte, café.

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La mañana era fría y desde adentro del auto el conductor buscaba la niebla.

Tiene que aparecer”.

Cruzó un perro a 100 metros de sus narices y su corazón se sacudió. Pero no, “Ese perro es negro, nada que ver”.

Apenas llevaba unos minutos dando vueltas como si el barrio fuera nuevo. “Círculos cada vez más grandes”, “Tiene que aparecer”. Era una carrera contra el tiempo. Cada minuto que pasaba significaba aumentar lo posible. Nada peor que una cuenta regresiva que no tiene punto de culminación, y, sin embargo, se siente agonizar a cada segundo.

Un perro, distinto, oscuro, y de la correa de su dueño. “Nada que ver”, otra vez.
Un pastor alemán con aires de cachorro. “¿Dónde estás?
Un perrito gruñendo en mitad de la vereda, “Tiene que aparecer”, mil veces.
Diez metros más de recorrido… “¿A qué le gruñe ese perrito?”. Pequeños detalles que tardan en acomodarse. Diez metros le llevó a la inteligencia distraer a la prisa.

Contra una paredón, asustada, perdida y acorralada por un perrito y por sus propios miedos, la perra mezclaba el canela de su robusto cuerpo con la niebla de la mañana. Esa que él buscaba. Ambas.

No detiene el motor, ni siquiera termina de frenar cuando baja del auto. Grita y agita sus brazos, pero el pequeño atacante no cede. Avanza y lo empuja con su pie hasta hacerlo rodar. Es un héroe. El perrito huye. Se siente un héroe. El alma le vuelve al cuerpo, y recién en ese momento nota que se le había escapado. “Te encontré” piensa, mientras estira una mano. La perra tiene miedo y responde con dientes. Él apenas esquiva la dentellada. “Te encontré”, le dice sin haber perdido la calma. Las palabras traen paz y reconocimiento. La perra baja las orejas y mueve su cola frenéticamente. Rueda sobre si misma. No cabe en si misma. A decir verdad, el alivio es compartido. El miedo se va diluyendo en el abrazo. Ser un héroe ya nada importa, solo el alivio.

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Nada importa que sea una ciudad tan grande, el mundo queda dentro de esas cuatro paredes. Apenas hay tiempo para un té, para medio té. Los besos aumentan, y se reparten a discreción. Las ropas ceden. Los cuerpos se unen. Ella afirma su cadera bajo su peso. El se enreda en el mándala de su hombro. En el calor de su ensueño. Arremeten una, dos veces. Y se dejan caer.

Afuera, la ciudad se jacta de ser una de las más grandes del mundo.
Adentro, ella acomoda sus pies fríos bajo las frazadas.
Afuera, entre semáforos y policías taciturnos, el otoño arma una muralla.
Adentro, los pies fríos no hacen invierno.

Un viejo disco de blues acuna sus sueños sin almohada. Sin héroes.

Me siento a la deriva” le había dicho ella, “Pasé por tantos lados y siento que no pertenezco a ninguna parte”.
A veces las búsquedas tienen eso, supongo, pero no es lo mismo estar a la deriva que buscarse
No sé si pueda notar la diferencia
Tal vez tendrías que empezar por hacer tu pequeña lista de cosas en las que te reconocés, de lugares cercanos o lejanos a los que pertenecés, de personas cercanas o lejanas que son raíces y viajan con vos”, la abrazó un poco más, “Si podés hacer una lista así, concisa, certera, escueta. Si podés armarte en 5 palabras, no estás a la deriva, para nada”.
¿De dónde apareciste?”, preguntó sin mirarlo a los ojos, para no obligar una respuesta que rompa la niebla.
Hagamos una tregua esta noche”, propuso él.
Yo no te convengo”, le dijo ella.
Nadie que me convenga pasaría la noche conmigo”, contestó él.


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No vuelvas a hacernos esto”, le dijo con ternura a la perra mientras la bajaba del asiento trasero del auto.
Gracias”, contestó Gabriel mientras la recibía, aferrándose a ella como si hasta la más leve brisa pudiera arrebatársela. Los hombres no lloran.
No tenés nada que agradecer”, contestó el Otro Gabriel, y dedicó un abrazo más a la perra. A veces lagrimean los hombres.

Gabriel y Gabriel se entienden. Más allá de las palabras.

Se siente como si no hubiera otra persona en el mundo que pudiera entender esa forma de andar con los perros. Compañeros, hermanos, hijos… nunca mascotas. Gabriel y Gabriel son dos de esas personas. Tal vez una de esas tres personas. Definitivamente se siente así. Por eso solo 5 palabras escribió Gabriel. Por eso no hacen falta las gracias.


Solo el alivio

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Es cuestión de lazos. Lazos para no sentirse a la deriva.

Y en ese lazo son como los perros.


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29 comentarios:

Scar dijo...

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Sí escribir una historia siempre me sale "larga"... ni hablar de dos...


Y en ésta madrugada de historias, más que por duelo, por festejo de la letra me han lanzado poemas...

Nobleza obliga:

"Ahora ya somos una tarde otoño
o tal vez una noche primavera
esto no lo hago adrede
pido excusas
siempre me cuesta un poco
recordar el futuro"

Eclipse dijo...

"Adentro, los pies fríos no hacen invierno."

es claro que cosas más raras han pasado, pero de las no tan raras, de las sencillas, a veces se disfruta más.

yo, para nada devota de mi compatriota recientemente fallecido, ilustraría el post con otro de sus poemas, rematándolo con algo así como: "pero si / pese a todo / no puedes evitarlo(...)y te salvas / entonces / no te quedes conmigo"

GABU dijo...

Admito haberme mareado un poco bastante pero a medida que leìa tus palabras se me iba hilando la idea de que en esos lazos invisibles el cuore se enreda fàcilmente...


A la deriva vamos errando por èste mundo de tanta irracionalidad...

BESOPLÌN

:agustinajazmín dijo...

paso requeterapidísimo porque tengo que ir a estudiar matemáticas pero, en tu perfil como sector aparece 'educación'. sos profesor? de qué materia? en qué nivel? qué tal todo eso? estoy en crisis vocacional viendo de seguir en psicología o cambiarme a letras y mientras intento recoger experiencias de ambos bandos. sepa disculpar la intromisión en su vida personal, señorito.

Scar dijo...

.

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Eclipse.
Una de “mis” lectoras. Esas que se notan que leen.

Yo apenas conozco un puñado de poemas de su compatriota. Pero sí me he enamorado de “La Borra del Café”.

Pero, ¿Sabe qué?
Mi próximo texto, si se porta bien –y me hace el honor-, la invito a escribir unas frases a modo de antecámara. Luego arreglamos.

Así de corajudo soy, a sabiendas que su bella inspiración no hará más que denotar lo empeñoso de mi prosa. Pero es lo que hay.

Abrazo, Charruíta.




GABU .
“Que nos llamen los mareados”… jajaja.

No comparto, ni lo de la deriva, ni lo de errar… aunque a veces pase, y a veces eso parezca.

Bueno, entonces, comparto un poco, a veces.

Beso
(¿”BESOPLÌN”?)



AgustinaJazmín.
Disculpo la intromisión, pero el hecho que pase “requeterapidísimo”…

¿Educación?
Eso intento, pero solo soy eso.

(Ahora le respondo por mail, soy medio parco para andar exponiendo mis sombras, ¿sabe?)

¿Señorito?
El vocablo parece correcto… pero no me lo diga en mi barrio… ¡Ante todo soy león!

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SIL ♥ dijo...

Buenas...

Como siempre sus textos hacen que uno se pierda entre sensaciones, imágenes, historias que hacen que lo cotidiano se vuelva mágico. Historias diferentes, con quizás sitios y matices comunes, que remiten a encuentros, hallazgos, enlaces.

Historias que se entrecruzan al compartir códigos, valores, caminos, rastros; o búsqueda de reconocimiento aún en la sensación de concebirse extraño, ajeno, perdido, como de "ningun lugar".

Historias que se funden en la necesidad de encontrarse aún sin buscarse; o de buscar con la desesperada sensación de pérdida, de ausencia, de desarraigo de lo que ya se encontró.

Historias que implican cafés, tés, abrazos, alivios, revoluciones, agradecimientos aún innecesarios.

Historias de lazos, lazos que hacen que no nos perdamos y menos aún, nos permitamos sentirnos a la deriva.

Historias de esos lazos que unen, pero no sujetan; de esos lazos imprescindibles que abrazan pero no ahogan ni asfixian.

Historias, que enlazan historias.

Y es que la vida tiene esa costumbre...

Impecable, como siempre.

Besos

*GEORGINA* dijo...

Tio Scar,
esta vez no voy a pelearlo, puf! lei dos historias y sin mis anteojos!!
que decir, me conmovió.
me llevo un monton de frases prestadas. (robadas) -
y algunas respuestas.. para mi propia niebla..(gracias) :D

saludos cordiales
que este ud muy bien-
Georgi-

Alice dijo...

La devolución ya fue hecha.
Paso para sumarme al aplauso,
(que aunque nadie lo propuso, creo que ya esta sonando…)

Maravilloso…

(después paso a buscar el regalo)

Gisela Ange dijo...

Qué lindas historias! Y qué manera de contarlas! Frases increíbles, que maquillan las vivencias más pequeñas y aparentemente insignificantes...

Encontrar a alguien con quien hablar en silencios, de alma a alma, es algo para cuidar.
Permitirse una tregua, también.

Qué bien escribís!
Saludos :)

Scar dijo...

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Hadita de Cheshire.

Será que todos somos un poco extraños en las ciudades. Será que de tanto en tanto uno debe sentirse perdido para poder encontrarse.

Será que nos duele la ausencia de lazos. Como perros extraviados.

¿Seguimos a los caminantes?
Dicen que no hay quien pueda llegar hasta la cumbre, sin sufrir estrictamente algunas normas….
Y está bien que así sea.

Impecable, como siempre.

Besos, Hadita.

(Media culpable de que me ponga tras estos intentos abandonando el letargo)




*GEORGINA*.

¿Qué decir? Los “sobrinos” son así, se llevan cosas sin avisar, pero las cuidan (espero).

Y si entre mis sombras encontró alguna respuesta, será más mérito suyo que mío.

Un abrazo, Farolito.
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(Sí, ya la hemos rebautizado, y ahora lo hago público)




Alice .

Un mail muy bello me ha escrito la Pitufina Tucumana. Enorme.

No aplauda que esto no es teatro.

Y vamos a ver como sale el partido… ¿La misma apuesta del torneo pasado?

(la otra media culpable de que me ponga tras estos intentos abandonando el letargo)

¿Regalo?... ¡Maneje las ansiedades!




Gisela Ange.

Las treguas se hacen necesarias, para distinguir las batallas al menos.

Gracias por el elogio.

Gracias aun mayores por leer. Pocos lo hacen, así que lo festejo.

Así, dan ganas.

Un abrazo.

Limada dijo...

No sé el porqué, o si, pero me lo guardo, como tantas cosas, este escrito me produjo cierto nosequé, como angustía, esperando el final.

Y sí, muchos post eligieron no te salves, no fue tu elección, casi la originalidát te diría.

Oli! dijo...

Cuando iba leyendo apróximadamente la mitad me vino a la cabeza un "que genial un café mientras leo esto"...y apareció la parte del café, de esos cafés (o cafeses?) no industriales, y fue la parte que más me gustó...

Scar dijo...

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Limada .

Creo que hay un “no sé qué” de tristeza, sí, sobre todo en una de las historias. La otra es un tiro por elevación, uno de esos con suerte, un caso entre 100.

Lo del “no te salves” me resulta confuso… Cuando quiera lo charlamos.

Agradezco la lectura.

Saludos cordiales


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Oli!.
Bienvenida a la morada oscura del león marcado, donde todo es lo que parece ser un y un poco más, donde nada parece mucho, donde todo resulta un poco demasiado.

No es un elogio menor el suyo: Un café para acompañar la lectura.

Espero que le haya gustado, y gracias por leer.

Acá, todo son intentos, pero sobra café (cafés, caféses).

*GEORGINA* dijo...

jajaja Farolito !!
TIO PENDENCIERO!
claro! cuido mucho de las cosas q me llevo prestadas de este lugar...(las tengo escondiditas en un rincon q esta bajo siete llaves; y todavía hay vida ahi.. aunque parezca que no)-
mas de una rta. ;) merito de quien no se, pero sirven.
otro abrazo - q ande bien ..

Alice dijo...

las "culpables" ya han hecho el primer contacto
compartimos muñequitos de msn..
y patologias de no poder esperar!!!
(ansiedad, poca tolerancia a la demora, etc)

con polvo de hadas y tierrita de cerro....

ahi vamos!
saludos!!!

Anastasia R. dijo...

Me encantaron las dos historias y la forma en que las contaste!

Hace mucho que no pasaba por aca.. Tenia todo el asunto de Blogger medio abandonado.

"Nadie que me convenga pasaría la noche conmigo”, contestó él. Que frase tan dura..

Besos

Jor dijo...

Me pasó lo mismo que dijo la charrúa. Sin lugar a dudas hubiese elegido esos versos del "no te salves".

Rescato unas palabritas:
“¿De dónde apareciste?”, preguntó sin mirarlo a los ojos, para no obligar una respuesta que rompa la niebla.
“Hagamos una tregua esta noche”, propuso él.
“Yo no te convengo”, le dijo ella.


Y ahí señor Scar, se me movió todo.

Excelentes historias, ambas. Muy bien contadas, muy bien escritas, precisas y sin palabras de más.

Puedo agradarle un poco, tal vez haga falta una zamba en un bar.


Besos y chinchines.

Eclipse dijo...

yo confieso que em gustó "Primavera co una esquina rota." auqnue en definitiva benedetti sea siempre eso, el pobre niño de vida dura y dictadura, auqnue sea solo una fachada comercial expendedora de libros, que oculte a otros valores que tiene la literatura uruguaya. pero en fin, es tema de discusión café con leche de por medio.

yo siempre me porto bien... con lo de hacerle el honor... creo que tendrá suerte. lo de corajudo es claro, se lo concedo, quién sabe qué pueda salir de todo esto. y si quiere se lo recito también, ya que ando en esos experimentos raros...

Radio Bemba dijo...

te voy a secuestrar a tu perro entendiste pibito?,

quedate en el molde porque la próxima no te lo devuelvo.

SIL ♥ dijo...

Definitimente, ..."Cosas màs raras han pasado"...

Jajaja



¡Que tenga un lindo día!

SIL ♥ dijo...

Volví a dejar el "va" que falta jaja.

Y como siempre me llevo cosas... esta vez dejo un café con leche :)


Besotes

Scar dijo...

.

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Farolito.

¿“Pendenciero”? Totalmente. Jajaja.

Méritos compartidos, entonces.

Me está preocupando esto… casi casi le estoy tomando cariño…


Jajaj

Otro abrazo.



En el Espejo.
Ya le dije…

ÚLCERAS DE UN LEÓN OSCURO se va a llamar…

Abrazo bien grande, y tenga cuidado con su vida académica... desconfío de su bibliografía...



Anastasia en su telaraña .
Me encanta que le encante.

Usted es siempre bienvenida a la morada oscura.

Que las frases duras no la amedrenten.

Más Besos




Jor con la gripe al escenario.
(Cae una….)

Rescate las palabras, sálvelas de mis garras.

Gracias por los elogios y por leer.

Usted me agrada porque “me hace ganas” de bares y zambas.

Besos… (lo otro no sé).



Charrúa, que le pone voz al verso.
(…donde cae una, al rato cae la otra)

Creo en algo más que la “fachada”, aunque ciertamente hay mucho de eso. Pero puestos a elegir, sigue siendo el poeta. Y hay tantos que solo son fachada… (¿Alguien dijo Cohelo?).

Y si la literatura uruguaya (o cualquier otra) está oculta, ciertamente no será culpa de quien se muestre, sino de quienes no buscan con un poco de esmero.
Pero la corto acá… me falta el café con leche.

Usted es un “experimento raro”. Pero bienvenido.

En cuanto las musas, los sesos y las letras sean empujadas a convenir, vemos que sale.

Abrazo, Charrúa.




Radio Bemba.

Usted no tiene idea de los perros que me acompañan. Y lo hacen, justamente, porque “no se quedan en el molde”.

No me amedrenta, damita.




Hadita de Cheshire.
Y temblarán los salones del recinto, un ruido atronador será la antesala…
Y luego, un silencio de presencias.
Y luego, un leve murmullo
Casi un batir de alas… de alitas.

(Y uno atrás con el bombo y la turba iracunda)

Se agradece el café con leche, entre muchas, muchas otras cosas.


Besotes

Scar dijo...

(¿"Besotes"?)

(¿¡DE DÓNDE DEMONIOS SALIÓ ESO?!)

SIL ♥ dijo...

Y le tembló todo, todito... hasta el alma...

Y quiso huir...pero no podía, había algo que la sujetaba, que la sostenía...

¿Los lazos quizás?

Y luego (y antes, mucho antes) sintíó el alivio que generan las presencias (queridas) ... que casi casi huelen a primaveras.

Sobretodo las presencias que implican lazos, pero de esos que permiten reconocerse y reflejarse en el otro, esos lazos que hacen que uno no se sienta a la deriva (aún sintiéndose perdido)..

Esos lazos que nos honran, por ser tan sólo un reflejo de los lazos que unen a los perros.

Esos lazos que nos encuentran entre bombos, banderas, vuelos y "alturas".

Esos lazos, que no alcanzan los cafés con leches (los de tazas propias) para celebrarlos; esos lazos en los que el GRACIAS, nunca es demasiado.

Gracias, muchas :).


Y a falta de mundos mejores... Ud. ya sabe...

Besotes (jajaja, quién lo hubiera dicho jajaja)

Radio Bemba dijo...

damita?, yo no soy ninguna damita...

quedate tranquilo ya le voy a encontrar la vuelta.
si mi duzura(¿eh?) y simpatía (¿qué?), no los atraen siempre funciona en churrasco, y ahí los vas a tener que ir a buscar a las vias del Roca.



y al gato también.




P:vos te lo buscaste, que quede claro.

Scar dijo...

.

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Hadita de Cheshire.

Y si los lazos no alcanzan la cazo de las alitas.

Jajaj

Un honor, mi dama.




Radiolandia.

Lo de damita debe ser una vana esperanza…

La dulzura y simpatía no siempre funcionan conmigo.
Un churrasco, por el contrario, es 100 % efectivo en leones, perros y gatos.

Pd: Clarísimo… ¿y?

*GEORGINA* dijo...

jajaja... se preocupa el leon marcado de tener una sobrina que juega con los huesos de las ideas que ud ya deboró?! nooo!!!
no hay de que preocuparse. ;)
jaja (lo q preocupa es q sea reciproco Tio)

que seria de este blog sin los comentarios de hadita! "me gusta esa chica para la casona!" ajajaja (chiste interno.. perdón, tenía q decirlo).

"besotes" :P

Eclipse dijo...

ah no, no, no, llego tarde pero me va a tener que explicar eso de que YO soy un "experimento raro" o al menos darme razones de café con leche para que me quede tranquila.

las discusiones sobre fachadas, poetas que no son poetas y todas esas cuestiones de tertulia últimamente se me están haciendo vicio por cafés de Montevideo que alguna vez le invité a conocer... así que bienvenido que lo traiga a colación.

Scar dijo...

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Farolito.
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¿Recíproco? ¿Me ve preocupado?
No entendí el chiste interno, pero si lo hubiera hecho lo habría desvirtuado.
BESOS.



Charrúa.
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Cualquiera que me invité un café debe ser un “experimento raro”, jajaja.