domingo, 25 de enero de 2009

El roce inexplicable

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“Soledad, aquí están mis credenciales,
vengo llamando a tu puerta desde hace un tiempo…”
Jorge Drexler

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No compres zapatos” le decía su mamá a la distancia a través del mensaje que brillaba en la pantallita del teléfono celular. ¿Te parece a vos que me tiene que poner esto?” dijo Clotilde (siempre Clotilde) riendo. Roberto (tal vez Roberto) devolvió las risas y pensó en cómo comenzaría una historia con esa frase. Aunque la verdad es que la historia ya había jugado a empezar.

Casi un cuento formado a partir de casualidades y voluntades que se pasean en la oportunidad, siempre tomada con un buen guiño en la mirada.
Y la risa que se esparcía en ese local de libros usados de la calle Corrientes era una burbuja que se escapa indemne entre el polvo de los días y la brisa de las ganas…

¿Quién sabe sobre el viaje de las burbujas?
¿Quién sabe de los cuentos?
Un mundo reflejado en el sol de su magia, así estaban las cosas para Roberto, perdido como se encontraba en el tibio abrazo de Clotilde.

Dicen que la tercera es la vencida, pero este encuentro era el segundo para ellos. La primera vez de las tres, tiempo antes de ser Clotilde y Roberto (quizás), ella pasó casi desapercibida para él; y él pasó totalmente inadvertido para ella. ¿Dónde estabas esa vez que no te vi? insistió –ahora- Roberto. “Por ahí…, estaba a full y la verdad no presté atención a nadie… pero, claro, ella era Clotilde –ahora-, y su silencio era propenso a acometidas de risa, aunque eso significara un esfuerzo de cohesión distinto en sus frases …y era rubia en esos días” terminó la oración ya en carcajada la bella mujer que llevaba lo que había sido una blonda cabellera coloreada de negro azabache.
Roberto estalló y su risa alimentó la de Clotilde.

Resultó entonces que la casualidad no los dejó verse por primera vez. Ni él ni ella tenían nombre entonces. El tiempo no contaba. El lugar donde no se vieron no sabía nombrarse. Nada más que un suspiro sería la primera vez que no fue. Un atisbo para contar que aun no había nada para contar. Incluso, dicen las malas lenguas –siempre las hay- que no se miraron, y con suerte apenas se vieron, solo para romper mitos sobre “flechazos a primera vista”.

Unos meses después el destino ya estaba encaprichado.
Y la segunda vez fue la primera.
Un cambio de paisaje y la suerte en la coincidencia se les hizo un regalo. En la otra orilla de sus vidas se rondaron hasta gustarse, se gustaron hasta rondarse. Ella jugó a hacerle preguntas falsas solo para que él tuviera la oportunidad de responderle con miradas e historias. Él la cubrió con ropas que querían ser su propia piel en una noche que se hizo cómplice y fresca. Ella lo buscó y lo buscó en las palabras, y él se dejó encontrar en los cuentos que construía con afán de artesano. Un viaje de vuelta de casi ninguna parte les permitió ser Clotilde y Roberto (desde siempre). Roces voluntarios que juegan como accidentales repartía Roberto. Permisos para los roces, permisos que se escurrían entre la risa, casi susurraba Clotilde. Y si el destino es un capricho, que el capricho sea un placer, y así fue cuando él se animó a tomarla de la mano y conducirla al beso que solo esperaba ocurrir. Así, en una huída fugaz, dejaron que se pierda la noche de bares, el acecho de los extraños conocidos, y la luna sobre el agua del río. El viento se arremolinaba aquella noche, los acechaba a sus espaldas, los rodeaba por sobre sus cabezas, pero no conseguía atravesar el espacio apasionado de sus abrazos. ¿Cómo no te vi la primera vez? dijo Roberto sin buscar demasiado las imágenes de meses pasados, pero seguro de que esa rubia que casi ni recordaba era ahora esta morocha tan bella que se apretaba contra su pecho encendido. Volvieron a besarse, largo y dulce fue el beso, sus lenguas se acariciaron y sus respiraciones se confundieron con suspiros. Clotilde se perdió en los ojos socarrones de Roberto. Roberto estaba perdido en la mueca que dibujaba la boca de Clotilde. Ella no pudo disimular que algo estaba pasando. Él no dudó un segundo, ¿Qué pasa?”, preguntó sintiendo una respuesta común. El viento se enredó en los segundos. “Mejor no pensar demasiado”, escuchó ella. “Son… y Clotilde buscó las palabras que danzaban alrededor de sus cabellos… … son enamoramientos… pasan por la situación, el lugar, la noche…” dijo sin poder, casi sin pretender hacer más leve el sentimiento. Roberto sabía que algo de cierto debía haber, pero que algo más peligroso que eso los había atrapado, … por los bares, el alcohol,… siguió él el raconto iniciado por la muchacha “ las ganas, tu boca, ese hechizo que danza en tu sonrisa, el propio desafío que supone la mujer más atractiva de la orilla…”. “Sos vos, tu andar desfachatado... continuó el juego ella “ y algo de cerveza”, y una vez más su risa. “Pero…, ¡señorita!dijo Roberto en tono más jocosamente enunciativo que conversador “No pretenda inculparme, que mis actos de buena fe se han manifestado esta misma noche: Antes de acorralarla en la penumbra de aquella esquina, mientras la conducía al inevitable acecho de mi boca, le pregunté si estaba bajo los efectos del alcohol. Y usted contestó que no…”. Entre risas, Clotilde confirmó la veracidad de los hechos con apenas algunas palabras… muy pocas para ser Clotilde, que busca mucho entre los vocablos como quién se siente a sus anchas en esa labor. Roberto aprovechó el esfuerzo y se adelantó para quebrar la jugada: Repitió igual pero diferente el ¿Qué pasa?...”, y puso esa mirada de zorro, de prestidigitador, de galán y -algo había- de tipo con suerte, “ ¿Hace mucho que no te besaba alguien que supiera hilar más de dos palabras seguidas?”. Definitivamente ella amaba su andar desfachatado, su sonreír socarrón. Definitivamente él estaba atrapado. Y entre palabras errantes de deseo y frases que no querían que se rasgue la burbuja, se descubrieron, se conocieron, se alentaron… Se rondaron hasta gustarse, se gustaron hasta quererse.
Con besos los encontró la mañana y sin besos se despidieron.

Los días siguieron y se demoraron entre desencuentros distantes. Pero ya no solo el destino estaba encaprichado. Entonces, la tercera vez fue la segunda. No fue el azar sino el deseo el que los encontró. Más besos, más ganas, más risas. Roberto recordó la decisión de dejarse sentir, y el riesgo de perderse en ello. Clotilde fue aun más cautelosa y decidió no decidir, ya bastante con lo que sentía. Al calor de la ciudad hicieron un palacio en medio de un laberinto. Él, que no cree en leer la borra del café, encontró ilusiones en el fondo de su taza; ella apenas vaciló cuando se reconoció allí soñada. Ella, engañó al sol con gustos de helado, y él aprovechó para jugarse la risa en sus ganas. Luego los mimos ganaron altura, y por momentos el apetito de los cuerpos proyectó más que ellos mismos; sin embargo en un arrojo que fue más de promesa que de corrección, se dijeron que eso quedaría para una tercera vez….

La tarde terminaba en un local de libros usados de la calle Corrientes.
Roberto y Clotilde, se reían. De todo se reían. Como dos enamorados que no creen en “los flechazos”, aun a sabiendas de que no hay opciones para elegir cuando se cruzan esas miradas que ellos cruzaban. Mejor no pensar. Quererse como en los cuentos, reírse como en las buenas historias… Todos los libros parecían mezclar sus frases entre tanto Roberto y Clotilde.

Con el deseo de un “hasta luego” que aparentara compañía, una cuarta vez que fuera la tercera brotó como una quimera. Se jugaron trampas de uno y otro lado, se dejaron ganas, se pusieron deudas de encuentro entre los libros prestados y regalados, regalados y prestados. Se mintieron en un beso de despedida que no se resignaba a ser tal.



Las cosas no siempre son lo que parecen. A veces no parecen lo que son. Pero suelen ser según a quién le parezca. Y acá se siente como si la calma apenas cubriera los pasos que se buscan, que se sueñan, que se rondan, que se gustan.

No todo está para ser entendido, basta con mirar a Roberto y Clotilde besándose en los besos que faltan.
Basta con leer las noches de insomnio aun mientras los párpados se recuestan.
Basta con hurgar los silencios escribiendo cartas.
Basta con ese brillo que tiene el deseo, con ese temblor en el pecho que resiste al tiempo.


Como chispas que embisten la ausencia a fuerza de latidos, de anhelos. Como si las semanas transcurrieran solo para desmoronarse. El ocaso que resulta insuficiente para los suspiros, los suspiros que uno a uno se lanzan cuando la imagen de un quizás se dibuja en los minutos que no pueden negarse.
La precoz intuición de una caricia que habita de tanto en tanto las sábanas de Clotilde, cuando Roberto se le enreda entre noches. Los colores que le faltan al horizonte son aquellos que él sueña robarse para que ella lo bese en sus pinturas.

¿Quién sabe sobre el viaje de las burbujas?
¿Quién sabe de los cuentos?
¿Quién sabe de enamoramientos, de orillas, de deseos…?


Deseos

La cuarta vez será el deseo el que juegue el tercer encuentro. El deseo de Roberto de aparecer frente a ella como una fuerza de la naturaleza, como un brote del alma, como un deseo dicho en secreto.
Clotilde, la de las encrucijadas, la que ordena las estrellas; volverá a sonreírle, solo para perderse y que él se pierda en ella.

Roberto, el que hace historias, antes de que ella pregunte le dirá “Soy puro coraje, a veces”, y su mirada de zorro la desafiará a buscar las palabras que lo sorprendan.
Clotilde, propensa a acometidas de risa, se paseará una vez más por ese instante antes de seguir el cuento de la tercera vez, aunque sea la cuarta: “Ya sabés… a veces… soy rubia”.
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32 comentarios:

*GEORGINA* dijo...

Excepcional Scar
Lo q tiene de testarudo lo tiene de buen escritor, aunque me de rabia reconocérselo, hay q aceptarlo…(está en discusión de todos modos)
Se ve que Clotilde lo ha inspirado…
Le deseo mucha suerte en la ficción como en la realidad, si es q se cruzan un día, o ya están cruzadas.
Me quedo con algunas de sus frases (con permiso)…si es que el insomnio no me deja en alfa primero..ya ve, de madrugada y ando por acá (nada personal, solo falta de sueño), leyendo cuentos y intentando romper mi burbuja…(supongo)...
Un saludo cordial.

Cecilia Fernandez dijo...

"En la otra orilla de sus vidas se rondaron hasta gustarse, se gustaron hasta rondarse"

Un texto especial sin dudas...
Es usted de verdad?
Parece una ilusión... a veces me olvido por momentos que es un león!

Radio Bemba dijo...

Escribis cosas que a una la hacen suspirar...
Aviso: Clotilde ya tiene competencia...
Se tenia que llamar Clotilde??... bueno por ese lado ya empiezo ganando yo, hasta una Heriberta me podría ganar, pero una Clotilde... no lo podría permitir, por nombres por lo menos ya voy 1 a 0... y bueno por lo de más... me puedo esforzar...


P: no se me valla a ofender alguna Clotilde.... es broma, eso si...si hay algun Roberto por ahi;... que tenga cuidado; no respondo por mis actos...

jaja evidentemente liberaste a mi imaginacion...

GABU dijo...

Que lindo que es visitarlo y toparse con esta sutileza en sus palabras!!!
Es una autèntica invitaciòn al roce con ò sin explicaciòn... ;)

P.D.:Y de paso,cañazo!!
Me llevo atesoradas unas frases de entre tantas...

"No fue el azar sino el deseo el que los encontró..."
"Las cosas no siempre son lo que parecen. A veces no parecen lo que son. Pero suelen ser según a quién le parezca..."


Mmmmmm... Que delicia!!!

UN PLACER HABER SEGUIDO SU HUELLA FELINA PARA ENCONTRAR ÈSTE RASTRO PERDIDO... =)

BESITOS DULCES

SIL ♥ dijo...

... Si el destino es un capricho, que el capricho sea un placer...

Ese capricho que permite que estos cuentos empiecen a jugarse, que hacen que en palabras puedan trasmitirse tantas sensaciones, generar tantos suspiros, tantas sonrisas y encontrarse de alguna manera, en esos nombres, en esos instantes, en esa dulce brisa de ganas, de deseos, de sueños, de enamoramientos.


...Basta con ese brillo que tiene el deseo, con ese temblor en el pecho que resiste al tiempo.

Y es que el tiempo se convierte en tiempo sin tiempo, y es también lo que logra en este texto, la impecable redacción, más el brilante juego de palabras, hacen de este texto, un relato mágico, que invita a vivirlo, a sentirlo, y sonreir tontamente.

Y a preguntarse por el destino, por las causas y azares, invitando a creer una vez que "Dios no juega a los dados con el universo" (¿era así, no?)

Me hace acordar a una canción:

"En esta inmensidad a la que llaman tiempo,
en esta inmensidad donde vamos viviendo
te encontré frente a frente y no,
todavía no lo entiendo,
como fue tanto tiempo sin poderte tocar."

Especialmente precioso, mágico, dejando de lado todo intento de oscuridad.

Besotes :)

SIL ♥ dijo...

Y un pedido, si lo de su excelencia al escribir se vincula con (entre otras cosas) la incansable defensa, el respeto, cuidado y amor a ( y por) las palabras, por favor, siga siendo obsesivamente testarudo en ello...

Sin dudas, es un placer leerlo, uno aprende a escribir y a leer...

Besos

ali dijo...

Quién sabe de los cuentos?…
Los dragones saben muchos de cuentos…
De contar historias, siempre distintas, pero con una marca única, casi tan única como las historias que cuentan…
De palabras justas, medidas, pensadas…
De tiempo y sin tiempos…de eternidades vueltas instantes…
De amor, también saben de amor… y eso de andar “queriéndose como en los cuentos” (que todavía me deja intrigada).

Quién sabe de los cuentos?...
(ya te dije)
Parece que vos vas sabiendo algo...

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

¿Hace mucho que no te besaba alguien que supiera hilar más de dos palabras seguidas?”.

Yo leo a Roberto..y te veo a vos.
Te veo así de clarito.
Y Clotilde? Ella estaría en tus sueños. Quién no sueña con una relación que te haga sentir tan vivo y creativo. Que te baile en el cerebro, ronronee sin bajar la mirada, rodeando y envolviendo..hasta que se debilita la sonrisa y explota en carcajada. hasta que le tercera inventa a la cuarta...y la vida se hace un Nombre.
Ese que uno pronunciaría justo antes de la muerte.

Corrientes.
Corrientes hay...entre Roberto Y la Clota.
ahhhhhhhhhhhhhhh....

Erika dijo...

Y yo? te dije que tambièn escribís bonito?... Quièn fuera corazón...? Quién fuera Clotilde?

Habitarás mi ocaso dijo...

Vos lo dijiste... pocos leen tanto. No queria ser la excepcion.

Besos

Scar dijo...

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GEORGINA*

Ojalá fuera “tan” buen escritor… (está en discusión cuando se discute)

Se cruzan. A veces se mezclan. Otras, ni saben de su mutua existencia.

Pero para eso está la morada del león marcado: Para que unas y otras se hagan cuentos.

Le doy permiso, pero no olvide que pertenecen a mis garras.

Una lástima que se rasgue su
burbuja…

bah…

no…

pensándolo bien, en su caso…

Otro saludo, de los míos.




Cecilia Fernández

Gracias por la caricia.
Las historias son parte de mí, pero no necesariamente yo soy esas historias…

Quizás…

Tal vez todo sea una ilusión, pero incluso así, ante todo soy león.

Gracias por leer.




Radio Bemba

¿Puede sonar hermoso un nombre feo si lo encontramos en una bella historia?
¡Esa es una disciplina digna de competencia!

Un placer liberar su imaginación.

Un placer…





GABU

Me alegra que la historia haya sido buena anfitriona.

Que gusto tenerla leyendo las paredes de mi morada, encontrando Robertos y Clotildes.

Llevesé frases, así pasean un rato con usted, que seguramente será más tierna y vistosa que yo (¡Pero regréselas después!).

El placer es mío.

Y, parece que mis rastros siempre son perdidos…

Gracias por los besos.




SIL ♥

Cada tanto alguna historia con luz se cuelga de mi melena oscura y parece que brillará yo.

Esta historia, no sé, tal vez el resultado dependerá de la cuarta vez…

Besos, y gracias por leer, por meterse en las historias, por dejarse llevar.

Un gusto una lectora como usted.

Inevitablemente seguiré siendo “obsesivamente testarudo”, jjaja.
Aunque, conociéndola un poco, no arriesgaría que el comentario era para mí… jaja.

Se agradece, Hadita de Cheshire.

(¿Algunos aprenden?... Jajaja, después la seguimos…)

Más Besos




Ali

Uno de los elogios más gratos y grandes (casi hasta la desmesura) que he recibido: “Parece que vos vas sabiendo algo...”

Tiene que ver tanto con mi obsesión y mis intentos arriesgando prosa, como con su idoneidad y dedicación como lectora (o más aun).

Un gusto, como ya he dicho, gente que lee y “relee” –y no es eso nada más que “volver a leer”-.

Beso




.:*:. Ferípula .:*:.

No, Roberto es así, tiene otras cosas… A veces son las mismas… Pero en general, desde su magia en la historia con Clotilde ya supera ampliamente mis sombras y gruñidos.

Lo que ocurre es que usted es una doncella de los sueños, de la fantasía, y, claramente, puede ver más allá.

Entonces, un honor que mire por estas letras.

Realmente lo es.




Erika

O al menos… ¿Quién fuera corazón?!?!?

Jajaj.

Muchas gracias por el elogio, y un gusto que lea por estos pagos.




Habitarás mi ocaso

Yo tampoco pretendo ser la excepción…

… por eso sueño con un mundo mejor, donde la gente lee, siempre lee, mucho lee, disfruta leyendo.

(y todo anda mejor, ya verá)

Ah, sí, Besos

Dani Bani! dijo...

Me siento tan pero tan pequeña en este enorme universo de letras.

Aparezco solo para disipar una duda: ¿Su comentario en mi blog fue ironía o simplemente mi inseguridad me hace en extremo porfiada?

Mi escrito anterior es un tanto viejo pero increíblemente jamás pierde sensación de actualidad.

Repito, su blog me hace sentir chiquita chiquita (incluso más allá de los que mi metro sesenta suele hacerme sentir)

Un beso, león.

*GEORGINA* dijo...
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Scar dijo...

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Dani Bani!

Usted es más “en extremo porfiada” que insegura, arriesgaría.

Mejor, así me cae mejor. Jajaj.

Y, en su metro sesenta, seguro dejará huellas gigantes, mi dama.
Igual, gracias por los halagos.

Otro beso.





*GEORGINA*

Bueno, parece que me he ganado algo entonces.

(No puedo evitarlo pero) Decídase en singular o plural: “LO que no sabe de su MUTUA existencia…” me suena difícil.

Gracias por los elogios a mi morada. Sí, evidentemente cazador cazado… pero no soy yo justamente…

“Lo siento, Frank” diría el amigo Ariel Rot.

¿”Pasos sigilosos”…? Me parece que usted atraviesa la sabana por permiso de las fieras, no se confíe.

Mis saludos siempre son atrevidos (pero no necesariamente en “esa forma”).

La expresión que busca es posT scriptum (con T y separado); Y sí, esa frase del SEÑOR Borges es una de mis favoritas, un faro de verdad.

*GEORGINA* dijo...
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Scar dijo...

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*GEORGINA*

¿A usted no le molesta? Ese tema debería importarle (y no solo incumbirle).


“Fierecilla domada”… er… claro...

Sobre la retahíla de vocablos de dudoso enlace que ha producido, solo diré dos cosas (una en verdad):

El simple hallazgo de términos que suenen bien en compañía y a golpe de sonoridad simulen una verdad más profunda… no basta para decir algo si no son contenido fuera de su “capricho”… ni siquiera en la poesía… (y lejos está de tener que ver con “caprichos”).
Sepa tolerar si caigo en la grosería pero, un intento como “los pasos del hidalgo caballero q desfase entuertos, es un maestre” (sic) parece más apropiado para el correo de lectores de la Revista Ñ, donde la concurrencia de sentido y sentir depende más de la lectura extremadamente afable (o tristemente confundida por el léxico) que de la reyerta necesaria de los vocablos.

Y, mejor aun (por no pertenecer a este león marcado), la segunda, una enseñanza que supongo costará…

“Los buenos escritores —no hace falta repetirlo— son aquellos que saben siempre, exactamente, cuándo NO deben escribir.”

Roger Wolfe





Ahh… los faros….

*GEORGINA* dijo...
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Lucas J. dijo...

"La campana de palo" esa era una buena revista; con metáfora hasta en el título mismo...

Mire, amigo, Ud. me conoce y sabe que no ando con vueltas. La cosa es simple: todavía existen esos que se creen que el movimiento de Florida está vivo... No escuche, escuche la campana de palo que seguro suena más bonito y criollo.
Y sí, porque más allá del significante está el signo (o símbolo, allá cada uno) y eso es lo que importa... Bah, digo yo que no creo en Saussure ni en ninguno de esos estructuralistas.

Pero me fuí del tema. Como sea, la lingüística no es lo mío, se lo pueden decir mis profesores de Argumentación o mi maestra de lengua de la primaria que todavía trata de explicarme las reglas de acentuación. Y bue, como diría Les Luthiers (sí, lo inventaron ellos): "es lo que hay, ¿vio?"

Un abrazo, amigo.

Lucas J. dijo...

Ah, me olvidaba. Charlando con un erudito el otro día me comentó que las definiciones de Lévi-Strauss, a pesar de ser sumamente estructuralistas, implican que eso que llamamos "cultura" funciona igual en todas las "culturas", haciendo que le demos cierta carga emotiva a tal o cual significante en relación a su respectivo signo.
Pero no me quiero ir por las ramas, me acordé de esa charla cuando mencionaste lo de la revista Ñ porque, justamente, la conversación con el erudito empezó en relación al valor simbólico que ciertas élites (o ciertos wanna-be, por hablar mal y pronto) le confieren a las expresiones culturales que se consumen públicamente... Bueno, me fui a la mierda, pero me hiciste acordar de eso.

Buena semana para tí.

Scar dijo...

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*GEORGINA*

La educación y el aprendizaje también son dos cosas distintas, pero fijesé que relación cercana tienen…

Preguntaría el por qué escribe, pero temo una respuesta (jeje). Ah… pobre muchacho el cantante este (supongamos), entonces.

Damita, yo leo y adoro Shakespeare desde mi infancia. Ese título suele ser víctima de parafraseo leve….

De nada, tenía que intentarlo.

Sí, faros, esos que cada 12 segundos (diría Drexler) la encandilan… (Siga dudando).

Un saludo.

*GEORGINA* dijo...
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*GEORGINA* dijo...
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Scar dijo...

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Ahora entiendo el por qué de su prosa (por darle un nombre): Está en preparación. Me psrece perfecto.

Todo dicho.

Llamó el Hombre Bicentenario, preguntando quién es el ho. bicentenario...

Bueno, ya lo decía, tenía que intentar...

Los tres grandes impulsores del conocimiento: La duda, el asombro... o las situaciones límites. Y a partir de estas últimas, usted lejos está de ser un faro.

Y, para más luz al asunto, mi comentario no se basaba en mi ignorancia sobre la fuente de dicha frase, sino sobre su uso pertinente en este lugar... He leído molinos de viento con mejor contextualización.

¿Sin duda?

Pobre Roger Wolfe...

*GEORGINA* dijo...
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*GEORGINA* dijo...
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Letra y Música dijo...

sin animo de ofender flaco, te estás gastando demasiado en explicar con esta piba

saca respuestas quer nadie le pregunta y nada tienen que ver y es un quilombo de palabras

vamos don león, no gaste su mandíbula y siga con lo suyo que bien bueno es!

un abrazo, che

*GEORGINA* dijo...
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SIL ♥ dijo...

Lo último que se pierde es la esperanza dicen...

Siga intentando Don Scar, quizas despuès de mucho mucho tiempo, da resultado... (o al menos impacta, aunque me permito alguna duda...pero la duda impulsa, asi que adelante Caballero)

Y sino, ya sabe, cuenta con mi testimonio y cooperación.

Besotes

Scar dijo...

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El "como" es la forma de dar vida a lo explícito y de permitir que lo ímplicito la gane por si solo. Verá que lejos estoy de desatender dicha cuestión.

Me robo un pedacito del caballero Lucas (un amigo, a estas alturas):
"...haciendo que le demos cierta carga emotiva a tal o cual significante en relación a su respectivo signo.".
Es totalmente aplicable.


Por eso, me sigue obsesionando el camino.

Hadita de Cheshire y Letra y Música, gracias por los ánimos.

A veces, para iluminar, es mejor un velador.


Jajaj.

Igual, todo bien, Georgina, si en algo hemos acordado es en que somos intentos.


Un saludo, desde las sierras.

Lucas J. dijo...

Esto es tragicómico... Me hace acordar a cuando Uriburu censuró a Arlt. Él siguió diciendo y haciendo lo mismo, pero en vez de lunfardo teñía sus Aguafuertes como crónicas.
Increíble, que la forma no afecte la sustancia. Bueno, eso no lo digo yo, lo dijo don Aristóteles hace como dos mil quinientos años...

El otro día charlando me dijiste algo interesante, H.: que Tolstói se leía solo... y supongo que por más fluídas que sean las páginas no las escribió en el ruso de los narodnikis. Pero creo que se vuelve injusto que aseveraciones tan bizantinas se topen con tanta resistencia. Mi abuelo, que era un viejo sabio, siempre decía que a los locos hay que darles la razón.

Hoy me preguntaba como un boludo qué pasaba que no estabas en msn. Recién caí que me dijiste 3 veces esta semana que te ibas a Córdoba... Traeme aire de montaña, te lo cambio por alguna paisana.

Un abrazo, amigo H.

*GEORGINA* dijo...
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Scar dijo...

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Usted tiene aire de montaña propio, amigo.

(Y parece que el truco está funcionando)


Otros... tienen veladores.

No me ofusco, no me encandilo, y, siguiendo a Saramago, intento no convencer, sino dar lugar a que se convenzan.

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