miércoles, 23 de enero de 2008

Moonlight Serenade












Son las cinco de la mañana y el bajo de Retiro es diminuto. Él esquivó un par de borrachos en la Plaza san Martín, algunos drogados sobre Florida, y algunas melancolías ajenas en las calles menos expuestas. No lleva de la mano a ninguna mujer. No anda rondado por un grupo de amigos descarriados. Ni siquiera camina con el abrazo errante de la embriaguez. Va solo y sólo se mete en un bar.

Poca luz, una densa capa de humo, murmullo y aroma de reunión ajena.
La música es fuerte, pero los ánimos ya han pasado su clímax. La noche quiere despedirse. Al menos él lo siente así.

Las parejas se hacen arrumacos. Las parejas conformadas esa misma noche se hacen aun más arrumacos. Los grupos de amigos ya ríen en la mezcla de sueño, alcohol y camaradería.

Él se siente solo y con la noche acabada. Se acerca a la barra del bar y pide una cerveza negra. Porque las rubias lo suelen maltratar, y las negras solo lo ignoran. Y su hígado es así como un corazón.

El barman le acerca un porrón sin cruzarle palabra. Mientras extiende el dinero para pagarle, Él nota la cara cansada del barman. Y también nota que eso no opaca su sonrisa. Y su anhelo. Y “anhelo” debe llamarse una pelirroja que observa sonriendo y provocando desde una de las mesas al muchacho que atiende la barra. “Pelirrojas”, piensa Él, “Seguramente perdería también en esa”.

El humo del tabaco parece hacerse más denso y tiñe su soledad entre tanta gente. Busca en su bolsillo ser parte. Pero no fuma y sus manos solo encuentran un pequeño reproductor digital.

Como opción no se advierte nada malo. Sobre todo porque no distingue más opciones. No es una noche de opciones. Solo trata de sobrevivir a si mismo hasta el amanecer.

Con su porrón a medio terminar y el peso de la noche sobre su nuca se coloca los auriculares. Antes de encender las melodías lanza una mirada a su alrededor. No descubre novedad alguna: nadie emite opinión sobre su marcada desconexión, a nadie le importa que se ponga los auriculares, a nadie le interesa que explote en mil pedazos, a nadie le importa que en ese mismo momento se convierta en caníbal, budista, bandido o santo. Nadie lo nota, nadie lo busca, nadie lo llama. Su mano derecha aprieta “Play” y su mano izquierda lleva la cerveza hacia su boca y devuelve el porrón con un cuarto del contenido original. La música se hace presente como un mundo nuevo, y el bar es aun más un mundo forastero.

Sus ojos se cierran cuando Glenn Miller entra en escena. El swing termina con el parpadeo. Él abre sus ojos sin sorprenderse por las tonalidades pastel que ahora lo rodean. No hay colores brillantes ni fuertes. Todo se ve en colores pastel. Como el blanco y negro, pero con más vida. Con más suavidad.

El tiempo juega a atrasar unas cuantas décadas. Las muchachas llevan gráciles vestidos y cuidados peinados. Los muchachos oscilan entre caballeros de traje elegante y rufianes en tiradores. Y el barman ahora es un joven camarero con una sonrisa compradora. Y la Pelirroja de generosos escote lo llama de reojo desde una de las mesas sin dejar de ser una dama. Y las parejas y las parejas nuevas bailan en lo que ahora es una pista. Y los grupos de amigos, todos con tiradores de rufián, se debaten en las mesas o se desafían en el billar.
Y Él… Él, definitivamente es un caballero de saco y pantalones color pastel –como todo-. Y cómo la mayoría de los caballeros, también esconde unos tiradores.

El jazz sigue sonando, ya no en sus auriculares, sino en sus oídos y en todo el ambiente. Acodado en la barra sus pies se mueven rítmicamente. De tanto en tanto con sus manos dibuja la melodía. Sonríe y se deja ver. Ya no es un intruso en ese bar. Pero igualmente la noche se acaba. Se coloca su sombrero y le deja unas monedas extras al camarero. Justo cuando la banda hace un alto ella cruza el umbral. La Morocha lo mira tímidamente y Glenn Miller comienza de nuevo. Él deja su sombrero sobre la barra nuevamente y se pone de pie. Mientras ella cuelga su tapado en una esquina de aquel antro de los ´40, Él camina con personalidad de galán hacia ella. Cuando su recorrido se aventura sobre la pista, las trompetas y la batería enloquecen. Él le suelta un guiño a su candidata mientras su cuerpo comienza a moverse. Sus zapatos golpean la madera llevando a sus piernas a dibujar el baile. Sus manos son una invitación a unirse a la fiesta. Una, dos, tres, siete, diez parejas de damas y caballeros y rufianes se alborotan al centro de la escena. La Pelirroja y el Camarero se pierden tras la barra del bar. La Morocha sonríe tímidamente sentada en una mesa en la esquina. Una Rubia cruza el espacio bailando y en un solo de percusión lo toma a Él de la mano. Las trompetas se exaltan y la banda inunda todo de furioso swing. Paso, giros, saltos, ritmo. La Rubia y él son presos del embrujo del jazz de Miller. Un embrujo poderoso que se extiende a todo el salón. La rubia parece extasiada, y Él es parte de la música misma. Rufianes, damas y caballeros festejan y aplauden los movimientos, la química, el regocijo, el sudor y la melodía. El final de la canción deja cuerpos cansados y encendidos. La Rubia lo mira expectante, aun aferrada a sus brazos. El la suelta suave y encantadoramente. La Rubia lo besa, fugaz y feroz. Él devuelve el beso, suave y profundo; y se despide con una sonrisa. Ya no es un intruso, sólo un galán puede dejar a una rubia así en llamas. Vuelve a la barra y de un trago termina su bebida sin saber si busca calmar su sed o darse valor. Se decide por la primer opción. ¿O un galán necesita darse valor?

El jazz ahora es suave, relajado y relajante. Él acomoda su saco, y en un solo movimiento ordena sus cabellos y se coloca el sombrero. Aun lo rondan las miradas de los presentes. Vuelve a la pista, ahora apenas habitada, y aun se siente rey. Cuando transita el centro del territorio encuentra nuevamente la mirada de la Morocha. Un ángel, una dama, una reina. Cada fibra de su ser quiere ir por ella. Pero sus pies giran y lo llevan hacia la salida. Un caballero la acompaña. Le habla y le besa. No importa ya. La morocha ya tiene su rufián. Él es un intruso nuevamente, pero se retira como un galán. Antes de cruzar la puerta vuelve a mirarla y le dispara una sonrisa. Y ella deja escapar una mueca en la comisura de sus labios. Y casi se sonroja.
Sólo un galán puede jactarse de haber hecho sonreír a una mujer durante toda una relación. Será por eso que los galanes no tienen relaciones largas.

Él comienza la marcha mientras despunta el día. Bajo las primeras luces ve al barman y a la Pelirroja abrazados de lujuria. Los ´40 son un eco de su imaginación. La calle Florida es un despojo, la Plaza San Martín ha duplicado y variado sus ebrios; el Bajo de Retiro es inmenso.
Todo huele a cerveza y a tabaco. Huele a ganas de una Morocha soñada. Huele a sueño de una Rubia. Huele a despedida. O al menos así le parece a Él.

“Los galanes siempre son intrusos” se dice mientras se acomoda en el asiento del colectivo.
Y en sus oídos suena Glenn Miller.

20 comentarios:

Agustina dijo...

Justo en este momento suena Jazzbox - Spyes Underground. Lo primero que se me vino a la mente mientras leía el relato y mis ojos se cruzaron con la palabra 'tiradores' fue Josh Hartnett en The Black Dahlia (suspiro) e iba a hacer un comentario como 'te reto a que encuentres un hombre al que le queden más bonitos que a él los tiradores' pero después seguí leyendo el relato y dije 'No, no da, el chico pone todo su potencial intelectual para un posteo y yo lo voy a arruinar con un comentario de esa índole?' Y fue en ese momento donde se me cruzó por la cabeza acotar que a mi no me gustaba la cerveza, ni negra, ni rubia. La roja artesanal un poco, pero prefiero el agua mineral. En ese punto noté que realmente no tenía nada interesante para acotar -mas allá de que el relato me haya gustado mucho- y pensé en no postear nada. Pero para esa altura ya había comenzado a escribir.

Agustina dijo...

(y todo lo anterior está muy mal redactado, así que hace de cuenta que nunca existió o que en su defecto mi psiquis se encontraba alterada por sustancias ilegales)

emd dijo...

Siempre que estuve, estoy, ando por plaza San Martín, esperando a alguien o desesperando por alguien, se me ocurre que huele a morocha, que huele a rubia.
Tengo una historia de desencuentros en esa plaza. Pero tu relato es tan contundente que lo mío ya pasa a ser nimio.

S.O.S. dijo...

PERAME SCAR UN TOQUE QUE LEO EL POST Y COMENTO ME PARECES UN GROSSO

FUERA DE JODA!
AHI VENGO!

><)))º>

S.O.S. dijo...

excelente me encanto ese galan es un grosso y se comio a la rubia nomas...

saludos scar

><)))º>

Camila dijo...

Ya lei una partecita de eso antes verdad? Esta buenisímo, me encanta. Creo que es el mejor post que he leido desde que vengo por acá. La cerveza negra no me gusta, no sé muy bien porque. Es como que le falta algo.
Saluditos

Mery dijo...

Me hubiese gustado vivir esas cosas de esa epoca...
El Jazz, el Blues, el Soul, el original...
Si le fue mal con las rubias y las morochas, que pruebe con las pelirrojas y las castañas...
MUA..!!

Pumpkins dijo...

muy lindo scar...

se paso con este post

Roky Rokoon dijo...

amigo que bien que esta todo redacto, es imposible no escuchar jazz, the jazz de fondo mientras leemos, algo muy swing y de epoca. se que no tiene nada pero nada que ver, pero se me vino a la cabeza la peli chicago

Murmullo dijo...

Yo sé, sé que nada que ver lo que voy a decir pero cuando leí tu relato (muy bien escrito) pensé que yo tomaría la cerveza obbbviamente negra con la derecha y apretaría play con la izquierda (al reves de tu chico). Después recordé que muchas veces por la madrugada (barwoman) me abstraía totalmente mientras preparaba tragos y la realidad se ondulaba en mil pliegues y vaya a saber en donde terminaba yo... Pasan cosas raras atrás de un barra. A veces.
A todo esto, porqué puta razón las morochas siempre tienen rufianes?
Volvé a pasar cuando quieras por casa.
Besos

S.O.S. dijo...

scar pasate por el blog de alguien (asi se llama) cualquier cosa tengo el links en el mio
que hay una encuesta sobre simba
comica deporsi!

><)))º>

GC es un grande dijo...

y cada vez que lo leo me veo obligada a releerlo...

saluditos

una loca linda dijo...

pareciera que vivimos en el tiempo equivocado... definitivamente nuestros bares/boliches no esconden tanto atractivo...
me encantó...
beso!

danniella_la_lokera dijo...

AHH NO..... estoy molesta..... primero dics que yo "la pelirroja" en primer lugar estoy en un bar de mala muerte, luego dices que además estoy sentada en una mesa provocando y que después me metí atrás del bar para hacer quien sabe qué cosas con el barman...... y que al final seguíamos abrazados en lujuria...... atroz... te acusaré de injuria y calumnia.


jajaja.. muy buen relato.... gracias por su post.


nus vemos

danniella_la_lokera dijo...

y q tienen las rubias q no tengamos las pelirrojas????????


pq ella y por qué no yo.... yo tb kiero un galán en mi vida

Luz dijo...

hola, vengo a agradecer tu paso por mi blog, estoy a las corridas, pero prometo volver y comentar. por lo pronto: Gracias!! Y un beso!

Pepina dijo...

Ya se que Pumba era el jabalí, era un comentario como pumba me caía re bien pero a timon lo queria mas...

Moonlight...si habre escuchado y leido esa palabra esots ultimos dias...y hoy, hoy despues de casi un mes me encuntro con mi Moonlight driver :)


Salute para vos!

Scar dijo...

Agustina, una amiga de la casa ya

No tengo ni idea quienes son Jazzbox, Spyes y Underground, pero dejalos que vengan de a uno que yo los acomodo si te están molestando!!!

Josh Hartnett se ganó mi aprobación cuando vi la introducción de SIN CITY. Si hay alguien a quién le queden mejor los tiradores… me viene a la cabeza Berugo Carámbula… pero no.

No es todo mi potencial intelectual, eso lo uso para los “abrefácil” de las latas de conservas.

La cerveza roja me gusta, pero prefiero la negra. Sino te invito una Fanta y listo.

Ya sé que tu psiquis está alterada, no hay otra explicación para que nos entendamos.

(te contesté todo, JHA!)

Un beso.

emd

Me pasa con Ud que ya lo siento como miembro de la manada. Hagamos una cosa: Ud me invita con sus historias de Plaza San Martín y yo lo invito a tomar cervezas rubias, morenas y pelirrojas.

S.O.S.

Ok. Espero.
Pero solo porque soy un grosso
.
.
.
.
.
.
Me alegra que te haya gustado. Ya me estaba cansando de esperar. (a decir verdad, no esperé todo el tiempo. Aproveché para ir al baño)
Saludos

Camila

Mis palabras se escapan antes de que yo pueda escribirlas y buscan musas que las encanten.

Gracias por sus elogios.

Y con respecto a la cerveza negra, pruebe la Quilmas Stout, es mi preferida, con gusto a malta.

Mery

Solo por vivir algo del Swing de Glenn Miller me daría un paseo por los Estados Unidos de la década de los 40.

Ir probando es lo que hace que galanes e intrusos vayan rotando.

Pumpkins

Gracias, señorita.

Con tantos elogios no sé como enfrentar mi próximo post.

Ya sé!
Voy a poner lo primero que se me ocurra!

Roky Rokoon, otro amigo de la casa

Como siempre, usted es un excelso interpretador, Mientras escribía el post (escuchando a Miller, obvio) soñaba con que melodías de Jazz jueguen en sus cabezas.

Siempre es un placer recibirlo, amigo.

Murmullo

No, nada que ver. Pero su desvarío me resultó agradable e interesante.
Vuelva a escribir un nadaquever cuando quiera!

S.O.S.

Ya pasé.


GC, otra agradable visita (vamos que ya son 3!)

Gracias, demasiado elogio para lo poco que puedo ofrecer.

Debe ser el disfrute y gloria mayor para el escritor. No tanto el elogio en si mismo sino el gusto por consumir la prosa que manifiesta el lector.

Más gracias!

una loca linda

Los bares nunca tienen encanto en si mismos. Si no es la gente…

Imaginate el bar más triste y –con los ojos cerrados- sentate en él. Pedí un trago y escucha algo de Jazz.

Ves que no es el Bar?

Gracias por tu visita.

danniella_la_lokera

En vez de enojarse tanto…

La próxima vez sea más reservada!!!!

jajaja, bienvenida a lo de Scar.

(y las rubias brillan, pero las pelirrojas encienden)

Luz

Hoy se la perdona por estar a las corridas. La próxima trae una docena de facturas que yo hago café con leche y charlamos. (nótese que de una frase a la siguiente perdí la formalidad)

Pepina

“Algo huele mal” dijo Timón.
“Perdón” dijo Pumba.

Jajajaja.

danniella_la_lokera dijo...

jajja, gracias... si... eso me dicen a veces con respecto a mi pelo... otras ocasiones sólo me dicen "Yupi" "betarraga" "caperucita" y bueno.. muchas webadas más.


pase por mi blog cuando kiera, especialmente ahora q ya ahy nueva entrada.... jajaja

cuidate hermano de año de nacimiento (ambos somos gallos)

Pd: no es q no haya kerido ser reservada, sino q como enciendo... el cantinero estaba en llamas y no había agua q nos apagara.

Scar dijo...

Hermana gallina (el gallo soy yo!).

Siga contando sus intimidades con el cantinero nomás y va a aparecer en Intrusos (y yo mismo la asesinaré entonces).